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Siguiendo con los refranes, que le voy cogiendo el gustillo: “de bien nacidos es ser agradecidos”. En un artículo de hace unos días, “Historias corrientes“, relataba un problema con Ubuntu 14.04.3, que provocaba una congelación en el escritorio, imposible para mí de solucionar o depurar. Al no conocer la causa, no hay posibilidad de culpar a un componente en concreto, – salvo a mí, el de detrás del teclado – pero por alguna razón las miradas se fueron a posar, otra vez, en mi chip gráfico AMD. Es una GPU A8 que integra una Radeon HD 6550D, con un rendimiento aceptable en Windows y pésimo en GNU/Linux. Por no hablar de los problemas derivados de la tardanza en sacar controladores compatibles con cada nueva versión de Xorg, que dificulta el uso de los Catalyst (los propietarios) en distribuciones de carácter “rolling release”, como Arch Linux.

En los comentarios del mencionado artículo, recibía una amable oferta del compañero bloguero “linuxero” Yoyo Fernández, de sobra conocido. Una de ésas que, como en la gran película de Coppola, no se pueden rechazar: una tarjeta gráfica Nvidia Geforce GT 610, con 1 Gb de memoria, a la cual él no tenía previsto dar uso alguno. Me la hizo llegar en apenas dos días, sin siquiera dejarme cargar con los gastos de envío. Sirva este artículo como reconocimiento y agradecimiento público a un acto altruista, algo tan infrecuente en los tiempos que corren. Grande, Yoyo.

Sobre la nueva tarjeta, comentaros que la instalé ayer, procediendo a anular en la BIOS del equipo el uso del chip integrado de AMD. Con ello, no solo he ganado en tranquilidad, sino que también recupero, por así decirlo, los 1024 Mb de memoria RAM que me “robaba” la gráfica integrada, lo que supone la principal ventaja de las gráficas dedicadas. El rendimiento obtenido es el esperado, pues había leído algunas comparativas por la red, como ésta que os enlazo.

Obviamente, la Radeon es una tarjeta más potente en principio, aunque no debemos olvidar que en mi caso es un chip integrado y no una gráfica dedicada. De cualquier forma, si uno lee las conclusiones de la comparativa, queda claro que la diferencia de potencia no es significativa en realidad. Además, como reza ese conocido eslogan, “la potencia sin control no sirve de nada”. Y el control, en este caso, viene determinado por la diferencia de calidad entre los controladores de una y otra tarjeta.

He estado probando la tarjeta en Windows 10 Home SL y en openSUSE Leap 42.1, distribución donde, por cierto, instalar los controladores es tan sencillo como añadir el repositorio e instalar los paquetes recomendados. En el sistema de Microsoft, con Football Manager 2014 no noto diferencia de desempeño, además de que las texturas negras que me impedían jugar desde la última actualización de los Catalyst con la anterior gráfica, han desaparecido. Decir, en favor de Windows, que instala automáticamente los controladores para la Nvidia al iniciar y detectarse el cambio de tarjeta. Eso sí, la versión que instala está algo anticuada, circunstancia de la que la propia aplicación de Nvidia se percata y soluciona en un periquete.

En Dead Island, el otro juego al que actualmente dedico algún rato libre, se percibe algo menos de fluidez, pero sin embargo he podido ajustar por fin la iluminación correctamente, cosa que no era capaz de hacer con la AMD. Vaya una cosa por la otra.

He cambiado el Catalyst Control Center por Nvidia Settings, gracias a Yoyo

Con openSUSE, la diferencia es abismal. Puedo decir ahora, con total conocimiento de causa, que los controladores Catalyst para GNU/Linux son una auténtica calamidad en comparación con los propietarios de Nvidia. Puedo jugar a Football Manager en calidad media sin problema alguno, cuando los Catalyst me obligaban a usar la calidad baja, y con algún problema. Y, no se olvide, la Radeon es más potente que la Nvidia… queda claro que los controladores son los culpables de esto. Con Dead Island, la experiencia es similar a la obtenida en Windows. En cuanto al uso del escritorio, no hay diferencias notables. Quizás el renderizado de las fuentes lo noto algo distinto, como si estuviesen más redondeadas… tampoco me hagáis mucho caso, porque el paso del tiempo es inexorable y voy necesitando unas gafas nuevas.

En conclusión, sorprende bastante que una gráfica en principio inferior a otra se comporte mejor que ésta. No sé si los admiradores de AMD, que los hay, sabrían decirme el motivo. En mi opinión, sin ser un entendido en la materia, la calidad de los controladores – y, por ende, los desarrolladores de los mismos – deben ser el eslabón más débil en esta cadena, que propicia la ventaja de Nvidia sobre AMD. En Windows, la diferencia no es tan grande, pero en GNU/Linux alcanza cotas siderales.

Acabamos como empezamos, reiterando el agradecimiento a Yoyo por su regalo. Te debo una, compañero.

Salud


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