Debian Stretch y el movimiento “slow” en GNU/Linux

Gurú Debian

Suena el despertador, como cada mañana en la que, sin excepción, te cuesta levantarte. A partir de ese momento todo ha de transcurrir como sugiere el título de aquella película emblemática del cine quinqui español de los ochenta: Deprisa, deprisa. “Acaba el desayuno que no llegamos al cole, lávate los dientes, corre, ponte el abrigo”. “No, no te puedo cambiar el turno de esta noche, tengo el coche en el taller y me viene fatal”. “Un whatssap de fulanito, tengo que contestarle o pensará que lo estoy ignorando”. “Tengo que ponerme con la revisión de esa distro ya, va a pasar de moda y todavía no tenemos completa la semana en el blog”. “Cariño, recoge al niño del kárate que no llego, hay mucha gente en el supermercado”. Etcétera, etcétera. Apuesto a que os estáis preguntando ya qué tiene que ver Debian en todo esto.

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Usar auriculares Bluetooth en GNU/Linux

Tres semanas, tres, llevo con la dichosa conjuntivitis. Por suerte, desde hace unos siete días puedo mirar la televisión y la pantalla del ordenador sin que parezca que alguien le está prendiendo fuego a mis globos oculares por detrás, al tiempo que los aprieta con fuerza. Es una enfermedad leve y de buen pronóstico, pero pesada como ella sola. Sé por experiencia que un distro hopper con tiempo libre tiene más peligro que un mono con dos pistolas, pero cuando el sentido de la vista está perjudicado es imposible que este axioma se aplique… o no, depende. Andaba yo usando Debian Estable cuando me sorprendía la infección ocular. Tras los primeros días en los que pude hacer vida normal, aunque de baja laboral por tratarse de una enfermedad vírica con altas tasas de contagio, llegaron los peores momentos y hube de buscar un entretenimiento diferente.

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Instalando Debian Jessie

Disculpen ustedes mi falta de originalidad. Sí, se me ha ocurrido que el “verano del camaleón” podría tener su continuidad en el otoño de Debian, así sin más. En realidad, mi intención era realizar un experimento con una distribución que estuviese únicamente formada por paquetes libres y tratar de sobrevivir con ella como único sistema disponible para el día a día. Supongo que ya se ha hecho antes, pero me apetecía probar la experiencia. Sin embargo, esta historia estaba condenada a morir antes de siquiera ver la luz, debido a que ninguno de los adaptadores wifi que poseo (tres, nada menos) son soportados por GNU/Linux sin usar “blobs” binarios. Sí, podría comprar un cable de red de diez metros hasta el salón o trasladar todo el equipo allí, siendo ambas soluciones un seguro motivo de disputa familiar, ya me entienden… También podría adquirir este adaptador totalmente libre avalado por la FSF, pero eso lo dejamos para otro mes en el que me “sobren” treinta y tantos euros más gastos de envío desde Rumanía. La libertad siempre tiene un precio.

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