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Continuamos con la serie iniciada hace ya más de un año con sendos artículos sobre la enfermedad que obliga a personas aparentemente normales, mentalmente sanas, a comportarse de un modo compulsivo con su ordenador en lo que respecta a instalar sistemas operativos libres, cambiando de distribución como quien lo hace de camisa. El presente artículo, crónica de una pequeña recaída, completa la trilogía del despropósito de quien escribe, con la certeza de que el modo tan rápido en que se ha resuelto supone la prueba que necesitaba para afirmar, por fin, que Chakra ha resultado ser la cura efectiva para este mal, la única forma de romper el bucle infinito.

Aviso, antes de continuar, que el presente artículo está exclusivamente cimentado en vivencias personales, en sentimientos propios que no todo el mundo tiene que vivir de igual modo. Con esto quiero decir que muchas personas disfrutan con la tarea de instalar sin parar, con la ávida búsqueda de novedades y la posibilidad de exprimir al máximo las oportunidades de cambio que GNU/Linux, con sus sabores, ofrece. Otros, como yo mismo, que en su día vivían esto como afición, comienzan en un momento dado a darse cuenta de lo absurdo y repetitivo que resulta este comportamiento, lo cual deviene en malestar interior, una extraña sensación de que se ha perdido un poco el control de todo esto. Es a estos últimos a quienes me dirijo en este episodio final de la saga.

Condicionante nº 1: tiempo libre
A nadie se le escapa que si uno está ocupado en su día a día el asunto de los cambios de distribución linuxera per se, sin que nada falle, se resuelve por sí mismo. El principal enemigo del distrohopper que pretende rehabilitarse es el tiempo libre, unido al uso no profesional de su equipo. Es sencillo de comprender, si el ordenador es tu herramienta de trabajo no tiene sentido arriesgarte a dejarla inservible en uno de tus arrebatos de cambio. Para mí, que soy alguien que usa el ordenador como elemento de distracción y entretenimiento principalmente, que además por mor de la dichosa coyuntura económica española no trabaja a tiempo completo, reuno las condiciones precisas para caer en esta dinámica.

Luego está el asunto de ser un poco “freak” y muy novelero, pero eso son ya rasgos personales míos que no voy a cambiar a estas alturas de la película.

Condicionante nº 2: siempre falla algo
Lo hemos repetido en este blog hasta la saciedad, la perfección no existe y lo que más se le parece es openSUSE… El distrohopper profesional que lleva ya un tiempo usando una distro, comienza a fijarse en lo que falla, que siempre lo hay, o en lo que le falta, de modo que puede ir montando la coartada perfecta para dar el salto sin sentirse demasiado culpable. Con mi distribución, que en mi equipo funciona de un modo fluido y sin fisuras, este aspecto es complicado de encontrar, pero el cerebro de un distrohopper es imparable en la búsqueda de su objetivo. Habitualmente es algún artículo que leo donde alguien emplea herramientas GTK puras para hacer algo que me interesa reproducir, y que no consigo trasladar a Chakra por su estricta filosofía. Es entonces cuando comienza el absurdo auto-bombardeo de ideas, a cual más convincente en su contexto, sobre la necesidad imperiosa de cambiar de distribución para poder hacer algo que es, a todas luces, innecesario.

Tras un par de días de retrasar lo inevitable, el hecho se produce: vuelta a re-particionar el disco duro, quitando espacio de la partición de datos para acoger a la nueva fantástica distro que devolverá la diversión y permitirá hacer todo aquello que ahora no se puede.

Pero esta vez, como digo, va a ser diferente. Porque tengo tantos lazos con Chakra que no me planteo abandonarla en principio, por eso no sobreescribo la partición. Porque en el fondo sé que será un simple escarceo por otras tierras del universo linuxero para acabar volviendo a casa. Sabia decisión, que ya iba siendo hora…

De paseo por un par de distros
Decido que, puestos a ser repetitivos podemos serlo hasta el hastío. Por enésima vez desde que uso Chakra pretendo dar el salto a Arch Linux con KDE. Controladores libres, faltaría más, otra cosa sería perseverar en el error. Con la rapidez de quien ha instalado más de veinte “Archs” tengo el equipo funcionando. Pero a la hora de la verdad, cuando he de instalar el escritorio, pienso que ya llevo un tiempo usando KDE y es momento de ver qué tal lo está haciendo el equipo de Gnome. Instalo, pues, el escritorio de la huella, que iba por su versión 3.8.

Tras la clásica tarde perdida en adecentar el sistema, instalar extensiones, preparar los enlaces simbólicos y demás zarandajas, tengo un Arch con Gnome y el último kernel disponible. Todo funciona bien y el cerebro segrega endorfinas para recompensarte por el trabajo (inútil, eso sí) bien hecho. Todo se complica a la mañana siguiente, cuando entra Gnome 3.10 en los repositorios y llega el caos más absoluto. La nueva versión rompe con todo, no ya extensiones, sino hasta el tema GTK que estaba usando (Zukitwo creo recordar). Más minimalismo para Gnome y más convencimiento para mí de que van en dirección opuesta a lo que dictan mis gustos. Si la versión 3.8 se me hizo usable y hasta productiva, el hecho de tener que prescindir de extensiones muy necesarias para mí o de tener que quedarme con el tema Adwaita a la fuerza se me antoja insoportable. Recuerdo, una vez más, por qué dejé de usar Gnome en su momento y guardo un minuto de silencio por la experiencia de usuario que todos perdimos al morir Gnome 2.

La siguiente genialidad que se me ocurre es tratar, otra vez, de rememorar aquellos días pasados con la instalación de Mate. Resulta del todo infructuoso, pues lo pasado, pasado está. Unas horas de uso de este escritorio me demuestran que el avance en los paradigmas informáticos difícilmente tiene vuelta atrás, todo me parece tan arcaico que el simple hecho de carecer de algo tan útil para mí como es la exposición de ventanas da al traste con toda la experiencia. Por no hablar del galimatías de temas GTK2-GTK3 que hace imposible encontrar un “look” uniforme para el escritorio.

Así que, qué remedio, vuelta a KDE. Mientras instalo el tercer escritorio en Arch Linux pienso que por fin voy a poder volver a disfrutar del poder de Chakra sin renunciar a mis programas GTK favoritos… que a la sazón se reducen a Shotwell. Ya veis, lo absurdo vuelve a hacer su aparición, cuando uno supedita el uso de un sistema y su escritorio a la utilización esporádica, cada vez más, por cierto, de un organizador de fotos que es perfectamente suplido por Gwenview. Me recuerda a un artículo escrito por Vicente Seguí en este mismo blog, donde se preguntaba para qué quería programas de ripeo si ya nunca alquilaba DVDs…

Ni qué decir tiene que la cosa no funcionaba. Sí, Arch sigue siendo una absoluta maravilla, sobre todo por cosas como pacman y AUR, ¡que también los tengo en Chakra! Y el KDE “vanilla” que empaquetan apenas ocupa 600 Mb al iniciar, frente al giga y poco que se come Chakra. Sin embargo, no es lo mismo para mí, ya no. No noto el mismo rendimiento, igual son paranoias, pero me va más fluido Chakra y hace saltar menos el ventilador del equipo. Vaya usted a saber por qué, pero ocurre. Nota: si has llegado hasta aquí, querido lector, te ruego que no uses estas apreciaciones personales para iniciar una guerra Arch vs Chakra. Encarecidamente te lo pido.

Hasta aquí han transcurrido varios días, Chakra dormita plácidamente en su partición y yo sigo rizando el rizo. En mis esquemas de razonamiento durante las crisis distrohopperas el siguiente paso suele ser abominar de todos los escritorios (Gnome ya no me gusta, KDE lo tengo muy visto, XFCE no da la talla, el resto menos todavía…) y echarme en brazos de algo distinto. Por eso, la locura llega a su fin con la instalación y configuración de Elementary OS (en mi portátil todavía perdura, por cierto) solo para darme cuenta, tras perder otro día de mi tiempo de asueto, de que ningún escritorio consigue que me encuentre tan a gusto como me encuentro en Chakra. Lo escribí en su momento, soy un fanboy, y asumido lo tenía hasta la llegada de esta pequeña crisis que os he relatado aquí.

Decálogo de Distrohoppers Anónimos

1. Si disfrutas instalando y probando distribuciones GNU/Linux no sigas leyendo, no estás enfermo.

2. Si acabas de llegar al mundo GNU/Linux y aún no has encontrado tu distribución ideal, de nuevo, no sigas leyendo, tú tampoco estás enfermo.

3. El primer paso para solucionar un problema es reconocer que el problema existe. Si te incomoda no ser capaz de quedarte con una distro (o dos, o a lo sumo tres, venga va) es que, efectivamente, tienes un problema.

4. Si eres experto distrohopper, lo más probable es que tu distro sea esa a la que acabas volviendo una y otra vez. No le des más vueltas, tu distro es esa y solo tienes que darte cuenta.

5. Proclámate fanboy de tu distro. A ser posible, públicamente.

6. Colabora en lo que puedas con tu distro: empaqueta. Si no sabes empaquetar, ayuda en los foros. Si no te gustan los foros, ayuda en redes sociales. Si no te gusta ayudar, difunde. Si el espíritu comunitario no es lo tuyo, instala otro sistema operativo que no sea GNU/Linux…

7. Deja siempre alguna partición libre para esos momentos de debilidad. Pero mentalízate de que solo es para pruebas, la partición buena es la otra, la que tiene tu distro instalada.

8. Sé consciente de lo valioso de tu tiempo libre. Está bien tener la Informática como hobby, si no eres profesional, pero uno cosa es que te gusten los ordenadores y otra cosa es convertirte en un adicto. ¿Cuántas veces has repetido los mismos pasos en la personalización de tu escritorio? ¿Merece la pena hacerlo una vez más? La respuesta es un no tajante.

9. Sal, respira aire libre, juega con el perro, haz deporte… cualquier cosa que te aleje del equipo en los momentos de necesidad imperiosa de saltar de distro. Vive, en definitiva.

10. Si nada funciona y vuelves a caer, pide ayuda. El resto de distrohoppers anónimos te echaremos un cable cuando flaqueen las fuerzas.

Conclusiones

Está visto que no sé contar experiencias reveladoras sin escribir tochos, de modo que vamos a ir echando el cierre. Te felicito y te agradezco sobremanera si has sido capaz de llegar leyendo hasta aquí, en ocasiones he afirmado que una de las razones para tener un blog es el poder contar vivencias personales, que para quien no las ha vivido pueden parecer ridículas. Pero ya decía más arriba que el objetivo de las líneas de hoy era compartir una historia con aquellos que se han sentido alguna vez incómodos con esta forma compulsiva de usar GNU/Linux. Estoy seguro de que ellos sí que lo van a entender.

Y, si puedo sacar algo en claro es que sigo siendo ese fanboy de Chakra. También que es probable que me equivocase al pensar que el dejar de revisar distribuciones iba a aniquilar por completo el deseo de ver qué se cuece en otros entornos y sistemas, pero lo cierto es que ha ayudado bastante. En fin, voy a poner en práctica el decálogo de arriba, salir y respirar aire libre. Os dejo este artículo como referencia para los momentos a los que hago mención en el punto 10 y la promesa fehaciente de que no volveré a tratar este tema en el blog. Un saludo.

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