•  
  •  
  • 19
  • 23
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

Suena el despertador, como cada mañana en la que, sin excepción, te cuesta levantarte. A partir de ese momento todo ha de transcurrir como sugiere el título de aquella película emblemática del cine quinqui español de los ochenta: Deprisa, deprisa. “Acaba el desayuno que no llegamos al cole, lávate los dientes, corre, ponte el abrigo”. “No, no te puedo cambiar el turno de esta noche, tengo el coche en el taller y me viene fatal”. “Un whatssap de fulanito, tengo que contestarle o pensará que lo estoy ignorando”. “Tengo que ponerme con la revisión de esa distro ya, va a pasar de moda y todavía no tenemos completa la semana en el blog”. “Cariño, recoge al niño del kárate que no llego, hay mucha gente en el supermercado”. Etcétera, etcétera. Apuesto a que os estáis preguntando ya qué tiene que ver Debian en todo esto.

La inmediatez por bandera

Las frases pueden cambiar como varían las circunstancias personales de cada uno, pero estoy seguro de que entendéis lo que quiero reflejar. Vivimos estresados. Apremiados, incluso. Hasta en este momento, mientras escribo un artículo que pretende mover a la reflexión, tengo que hacer un verdadero esfuerzo para teclear despacio y evitar que las ideas se amontonen, apiñadas en mi cabeza y saliendo a presión. La mayoría de la gente demanda satisfacción inmediata de sus deseos, sean estos cuales quiera que sean. Es el motivo por el que casi nadie tiene paciencia en la sala de espera del médico, ni tampoco en su casa para aguardar los 7 días que tarda en curar una gripe sin intervención alguna de su galeno. No te puedes permitir ni unos días de mal cuerpo, hay que seguir compitiendo en la eterna carrera.

Pareciera que hemos sido entrenados para llevar esta forma de existencia. Probablemente sea así. Hemos de ser los mejores y hemos de alcanzar la meta los primeros, antes que nadie, porque sí, porque así ha de ser. La jungla competitiva nos lo impone. Lo quiero para ayer, que para mañana ya es tarde. Y así con casi todo. En los escasos momentos de lucidez o cuando hemos de frenar porque la enfermedad nos obliga a ello y no nos queda más remedio, igual notamos, al echar la vista atrás, que algo se nos está escapando. El tiempo te va cayendo encima cual losa mientras tú continúas dando vueltas en tu pequeña ruedecita, cada vez más rápido en busca de no se sabe muy bien qué. Tal vez vamos acelerados porque queremos tener más tiempo, ser capaces de hacer más cosas. Pero, piénsalo bien: más tiempo, ¿para qué? ¿Para malgastarlo corriendo en aras de lograr lo mismo que estamos tirando a la basura? ¿No es completamente absurdo?

Es probable que ni siquiera recuerdes cuándo fue la última vez que te aburriste. Cuando era niño, raro era el día, sobre todo durante el estío, en que mi madre no me soltaba aquello de “pues échate en agua” cuando me quejaba por no saber qué hacer con mi tiempo. Pero entonces, en otra época y con menos años, parecía que todo transcurría muy despacio. Por aquellos días, la inauguración de un restaurante de comida rápida en una emblemática plaza del centro de la ciudad de Roma hacía a algunas personas cuestionarse si de verdad era necesario alimentarse a toda velocidad. Fueron los comienzos de lo que luego vino en llamarse el movimiento slow.

Slow

El movimiento slow

Aunque en un principio únicamente se aplicó a lo gastronómico, poco a poco – como no podía ser de otra manera, claro – fueron surgiendo diferentes ramificaciones que buscaban aplicar esta filosofía en diferentes campos. ¿Y a qué filosofía me refiero? Pues a la búsqueda de la tranquilidad y el placer de hacer las cosas, parándose a disfrutar y a pensar, para no dejarnos arrastrar por ese torbellino de velocidad, consumismo y superficialidad que nos rodea. Seleccionar lo que hacemos y cómo lo hacemos, como actividad opuesta a “hacer por hacer, porque algo hay que hacer a todas horas”.

Como este es un blog de GNU/Linux, al que últimamente no dedico nada de cariño en favor de su hermano mayor, Colaboratorio, os estaréis preguntando qué tiene que ver todo esto con nuestro sistema operativo favorito. En principio, que yo sepa, no existe nadie que aplique esta forma de vivir a una herramienta para interactuar con ordenadores. El objetivo que me he planteado con estas líneas es que seamos conscientes de que la prisa y el sacar actualizaciones y novedades porque sí, porque algo hay que sacar, es una de las características que castigan nuestra experiencia como usuarios. Nosotros, adalides de la modernidad, necesitamos novedades y los desarrolladores se aprestan a dárnoslas, llevándose, en la mayoría de ocasiones, la estabilidad o funciones muy útiles por delante. De sobra sé que el lema “release early, release often” se ha convertido en un estándar de facto. Pero, ¿es, de veras, necesario?

Debian Estable como ejemplo a seguir

Una buena parte de los usuarios de GNU/Linux que me he encontrado a lo largo de mi experiencia de diez años utilizando este sistema califica a la rama estable de Debian como obsoleta. Sin más. Esto incluye a auténticos entusiastas de la distribución de la espiral carmesí que tienen la costumbre de recomendar, basándose en no se sabe muy bien qué, la rama testing para el usuario doméstico, relegando a la estable al ámbito de los servidores. Recuerdo incluso cómo en las primeras versiones que conocí de Sabayon se incluía, entre las diapositivas mostradas durante la instalación del sistema, una mofa sobre el carácter arcaico de los paquetes de dicha rama de Debian, con la frase “Debian stable… Pfff, old!”.

Sin embargo, no veo dónde está la gracia. Más bien al contrario, creo que la forma en que se liberan las nuevas versiones de la distribución casan bastante bien con el espíritu del movimiento lento. Los desarrolladores hacen de la estabilidad un arte, cosa imposible de conseguir al cien por cien si se opta por el modelo de lanzamiento continuado o rolling release. Se necesita cocinar a fuego lento todos los elementos que componen el sistema operativo, ponerlos a funcionar juntos, congelarlos durante unos meses en los que la mayoría de usuarios se dedica a reportar errores y tratar de pulir aristas… Y, pasado este tiempo, aparece una distribución de tremenda solidez, que va corrigiendo paulatinamente problemas de seguridad sin necesitar añadidos que pongan en peligro la estabilidad del sistema.

debianscreenshot
Debian Jessie

KDE 4 vs Plasma 5

Así queda la cosa en los dos años siguientes, mes arriba, mes abajo. La última versión estable de Debian, llamada Jessie, fue liberada el 26 de abril de 2015. La actual testing, Stretch, acaba de entrar en fase de congelación esta misma semana. Os parecerá una eternidad y así es, desde el punto de vista de la obsolescencia programada y demás inventos modernos que nos obligan a consumir, a innovar, a cambiar a velocidad de vértigo. Pero no es así, en realidad. Os pongo un ejemplo que me toca de cerca: Plasma 5, mi escritorio favorito.

Cuando Jessie vio la luz, aun andaba en pañales, lo cual llevó a su no inclusión en Debian, que todavía continúa en la versión anterior, KDE 4. Todos los que utilizamos Plasma hemos sufrido sus errores y regresiones mientras se alcanzaba una cierta usabilidad, hasta el punto que han perdurado los problemas – cada vez menos, eso sí – casi hasta la actualidad, cuando la 5.8 ha sido nombrada versión de soporte extendido (LTS). Se trata, por fin, de un lanzamiento prácticamente exento de fallos. Y es el que aparecerá, como es natural, en Debian Stretch.

A donde quiero llegar con este ejemplo es a una conclusión bien sencilla. El usuario de la rama estable de Debian ha disfrutado de la estabilidad de KDE 4 mientras el resto de nosotros peleábamos con los errores de Plasma 5. Y dos años después, va a seguir con su sistema férreo y fiable, puesto que ahora – justo ahora, y no antes – es el momento de saltar a un Plasma 5 ya curtido y bien probado. Claro que también hemos de tener en cuenta una cosa: sin todos los usuarios “conejillos de indias”, hubiera sido imposible alcanzar el grado de estabilidad actual.

La constante necesidad de novedades

No obstante, cabría preguntarse en primer lugar si era necesario un Plasma 5. Más allá de los evidentes cambios estéticos, del estilo flat tan omnipresente en el diseño actual de los temas de escritorio… ¿qué nos queda? ¿Qué increíbles innovaciones aporta Plasma 5 que no tuviera su versión anterior? Todavía quedan cosas por portar a qt5 y funcionalidades que se han perdido (el módulo de las cuentas en línea, por poner un ejemplo, a día de hoy aun no anda del todo fino). Personalmente creo que la Informática, y GNU/Linux es parte de ella, cómo no, continúa sumida en el torbellino del que os hablaba antes, en el “hacer porque hay que hacer”, sin pararse a pensar un segundo en la dirección que se toma o las consecuencias de lo que se hace. En el caso de las empresas podría tener su lógica, dado que el fin principal para el que fueron creadas es ganar dinero. Y si no se consume, si no se fabrican necesidades de la nada, el montante de beneficios disminuye.

El motivo de las prisas y ese constante vivir al filo de la navaja (bleeding edge) de muchos desarrolladores y usuarios de GNU/Linux – entre los cuales, por supuesto, me incluyo – no tiene mucho sentido si lo analizamos con detalle. Despreciamos a Debian Jessie por considerarlo antiguo, un sistema con menos de dos años de edad, cuando aun sigo viendo por ahí a gente que usa Windows XP sin pudor alguno ni miedo a la ausencia de soporte. Nombro a la actual rama estable de Debian, como también podría referirme a Ubuntu Trusty o incluso Precise, única versión (del 2012, ojo) soportada oficialmente por el cliente de Steam para GNU/Linux, o a sus derivadas correspondientes de Linux Mint.

Reflexión Dalai Lama

Realmente deberíamos hacernos mirar este ansia viva por las actualizaciones. En el fondo es un comportamiento que forma parte de un todo, de una manera en que vivimos en la sociedad actual, insostenible, tanto para nuestra propia salud mental y física como para la del planeta. Hay que pararse un poquito, hay que reflexionar sobre ello. A lo mejor ésos que abogan por seguir el movimiento slow no están equivocados por mucho que casi nadie les preste atención.

Igual es el momento de respirar, de disfrutar, de vivir más pausadamente. En todos los sentidos. Podrías empezar por dejar de pulsar compulsivamente el botón de actualizaciones o de preguntar en los foros de Android cuándo llegará la nueva versión a tu terminal. Aunque no lo creas, nada de eso te hará más feliz y siempre te puede “obsequiar” con un sistema inestable. Piénsalo con calma.

Salud

 


  •  
  •  
  • 19
  • 23
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •