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Tal vez porque me dedico a la Enfermería o a lo peor porque soy muy novelero, el caso es que me encanta inventar nuevas definiciones patológicas para los comportamientos que observo en la gente que me rodea, además de en mí mismo. Esta semana se me ha ocurrido otra forma de proceder que se podría considerar de anómala o poco saludable, mientras dedicaba unos minutos a comparar mi actividad linuxera presente y la de hace 7 días. La diferencia entre ambos períodos de tiempo estriba en el trabajo que yo llamo “de la vida real”, ese que no se realiza frente al monitor sino en el particular campo de batalla de cada cual. El mío es un hospital, servicio de Urgencias, y cuando estoy allí, inmerso en el bullicio, nada más parece importar, hasta el punto que uno se adapta perfectamente a las herramientas informáticas de las que dispone. Y allí, os lo aseguro, todo es Windows. Cuando algo falla, por lentitud o por lo que sea, no dedico un segundo de mi valioso tiempo en pensar que con GNU/Linux todo sería diferente. Si hace falta recurro al viejo axioma informático: apaga y vuelve a encender, que ya se resolverá el problema por sí solo.

El artículo de hoy no va de Windows contra GNU/Linux, eso está ya muy visto y no conduce a nada bueno. Como os decía, se trata de pensar qué es lo que me lleva, cuando tengo tiempo libre de sobra, a caer en el “distro hopping” y en darle una importancia exagerada al más mínimo error para cambiar de distribución de cabecera. Pensándolo bien, este tema también está ya más que trillado… Cachis en la mar. Se me agotan las materias a tratar. Llevo tanto tiempo usando GNU/Linux que ya he hablado de casi todo lo que puedo hablar sin cagarla demasiado y que se me noten las costuras. Este blog casi siempre ha vivido de los análisis de distribuciones. Pero cuando no hay motivación, poco se puede hacer. Creo que en este asunto ya he dado más de mí mismo de lo que pensé que podría soportar. Estoy muy cansado… En fin, me temo que tendré que intentar de nuevo de dialogar con mi yo interior. Avisados quedáis.

Aburrido de instalar por instalar

Retomemos el hilo. Tenía instalado openSUSE Leap 42.1, que iba bastante bien, por cierto, salvo por el tema de no poder instalar Spotify (siempre, siempre hay un “pero”). En el disco externo, solamente tenía ya Chakra Fermi. Entonces hubo un error de lectura/escritura en el disco interno, que me impedía iniciar a la distro del camaleón. Sin siquiera agotar los intentos por solucionar el asunto, le instalé Linux Mint Rebeca encima… y volví a tener otra distribución más, pues ésta sí que funcionaba. ¿Por qué ésta y no otra? La realidad es que, con todo lo que disfruto de Chakra, no me fío demasiado de que algo pueda fallar en un momento determinado. Me ha ocurrido otras veces y seguirá ocurriendo. El “rolling” o “semi-rolling” tiene estas cosas. Hace tiempo que descubrí que necesitaba otra distribución más estable para compartir disco con Chakra, lo que ocurre es que la elegida entonces, Ubuntu, me falló un par de veces, la última de ellas congelando el escritorio.

Cuando ya había dedicado unas cuantas tardes a instalar y configurar Chakra Fermi, instalar y configurar Linux Mint Rebeca y arreglado el ordenador con Windows de una de mis compañeras de trabajo (me costó lo suyo, por cierto) llegó el momento en que se desató el síndrome. ¿Y ahora qué hago? Tal vez debería intentar solucionar este problemilla de Transmission en Chakra, o ver si un cambio en el “artwork” hace que se vean un poco mejor las fuentes, que no me gusta este aspecto que tienen en Plasma 5… ¿Y si intento otra vez compilar la suite acestream para CCR? No, mejor vamos a echar un vistazo a la nueva “iso” de Antergos.

Acabé instalando dicha distribución en una partición libre que me había quedado en el disco externo y no me había atrevido a eliminar. Pasé otra tardecita configurando Antergos Gnome. Qué fluida y qué bien va todo. Anda, como en Chakra y Linux Mint. Entonces, la gran pregunta: ¿por qué y para qué?

Observando a mi alrededor, entendido como el ecosistema linuxero que me rodea, veo frecuentes cambios de escritorio o distribución, fugaces retornos a Windows, y este tipo de actitudes en la gran mayoría de la gente que he conocido a través de la red. Sálvese quien pueda, victorhck y Juan Carlos Senar, los usuarios más fieles que una distribución pueda desear. Sé que no todos ellos se lo toman tan a la tremenda como hago yo. No lo vivo como algo saludable, sino patológico. Un molesto “run-run” que te recuerda que no pareces tener control sobre lo que haces. Que es como una huida hacia adelante, un intento estéril de llenar un vacío de tiempo con el que no sabes qué hacer. El linuxero que se aburre tiene que buscar errores en su distribución o recurrir a eso de “la hierba siempre es más verde en el jardín del vecino”.

the-grass-is-always-greener-on-the-other-side

Para colmo, y dando la razón al comentario de Windousico hace unos días, la instalación de Antergos causó un “kernel panic” al intentar entrar en Chakra. Últimamente cualquier cambio en el grub provoca este efecto, para ser sinceros. Segunda vez en la última semana que tuve que recurrir a “chroot” para arreglar el desaguisado. Uno va sumando horas ante la pantalla, un tiempo que repercute en la salud. Calambres, cervicalgia y un extraño estado ansioso del que no está contento con su proceder. ¿Merece la pena todo esto?

Aburrido de los errores

Y luego está el peor aburrimiento de todos: la intolerancia para con el error. Ejemplos de esto tenemos todos a porrillo, solo que la mayoría de las veces, la relevancia que le damos al problema es directamente proporcional a las ganas que tengamos de cambiar de distribución. Elijan ustedes cualquiera de mis épocas, cualquiera de mis distros preferidas, que les cuento una pléyade de errores. Ahora mismo, por ejemplo, en Chakra Fermi:

  • El icono del wifi, de buenas a primeras, empezó a desaparecer y lo siguió haciendo aleatoriamente en días posteriores. Importancia mínima, pero molestar… ¿a que molesta?
  • Al iniciar Transmission no me conectaba con nada. Esto lo he solucionado añadiendo un “sleep 60s” al comando de ejecución en “Arranque y apagado”.
  • KDEConnect muestra dos “applets”, uno de los cuales no sirve para nada más que para cambiar la configuración.
  • Kmail hace cosas raras con los mensajes. Cuando intentas eliminar uno de la bandeja de entrada, de repente desaparecen todos. El renderizado de fuentes en la previsualización deja bastante que desear.
  • Aunque tengo configurado el inicio de sesión automático, éste funciona solamente cuando le da la gana. A veces pide contraseña, a veces no.
  • Cada vez que abro Konsole y lo cierro, se queda un proceso consumiendo el 100% de los ciclos del procesador, hasta que lo mato manualmente.
  • No hay forma de que funcionen algunas “acciones” de Dolphin, tan útiles en KDE4, como el conjunto de herramientas Kim.
  • La búsqueda de archivos se salta determinados directorios. Me molesta no poder escoger, como antaño, qué directorios incluir. ¿Por qué quitar funcionalidades, maldita sea?
  • Tardé una hora en migrar el Chakra de mi padre a la nueva versión con los repositorios actualizados. Aun siguiendo los pasos detallados por los desarrolladores obtuve varias incompatibilidades que me obligaron, prácticamente, a desinstalar y volver a instalar el escritorio entero. Con estos antecedentes, ni me he planteado intentarlo en el portátil.
  • El escáner de mi padre tampoco funcionaba (vía wifi). La solución pasaba por instalar el paquete iscan – se trata de una multifunción Epson – que, vaya por Dios, estaba marcado como desactualizado. Intenté hacerlo compilar mediante la edición del PKGBUILD, mientras mi padre asistía con mirada de “pero esto qué es” a la sucesión de líneas en blanco sobre fondo negro. Al final, cómo no, hubo error y nada de nada. Son las cosas de AUR y CCR, que cuando más necesitas un paquete… está desactualizado.

También tengo estopa para Linux Mint, aunque menos, porque no lo uso tan a menudo como Chakra. Hay un comportamiento muy extraño, referido al “applet” de Meteorología, que actúa de forma absurda y me muestra temperaturas muy variables, además de que aparece un sol cuando son las doce de la noche o una luna a las tres de la tarde, por ejemplo. En algunas páginas de Firefox se produce un molesto “tearing” al bajar o subir por la misma. O el modo de reposo de la pantalla, que cuando le parece no hace acto de presencia, provocando, como ayer mismo, que el monitor se quedase encendido durante horas. Dejé el ordenador compartiendo un archivo y confiando en que – como sería lo normal – en el año 2015 un sistema sería capaz de hacer entrar la pantalla en modo de ahorro de energía sin mucha complicación. Pues no.

Aburrido de no hallar el escritorio ideal

Igual que hay usuarios que se proclaman “gnomeros” o “kdeeros”, hay otros que no conseguimos habituarnos del todo a ningún escritorio. Quizás porque a todos les encontramos alguna pega. ¿Aciertan los psicólogos que comulgan con la idea de que el exceso de opciones provoca insatisfacción al elegir? Cuando nos decidimos por un entorno echamos de menos todo lo que dejamos atrás, según indica dicha teoría. Por eso en Windows no se da este fenómeno tan particular.

De todos los escritorios que podemos usar en GNU/Linux en estos momentos, mi preferido es Unity. Pero claro, cuando estoy en Unity (esto es, en Ubuntu, lógicamente) me falta la funcionalidad que proporciona KDEConnect y tiendo a instalarlo, arrastrando multitud de dependencias de KDE. Si estoy en KDE, solo me gusta el de Chakra, donde me desesperan los errores que os comentaba más arriba. En Gnome hay muchas cosas que me parecen acertadas y otro buen montón que me tocan las narices, como depender de tantas extensiones que se rompen al actualizar, por ejemplo.

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Alguno lo habrá leído y no se lo creerá, así que lo recalco: Unity es mi escritorio favorito. Uy, lo que ha dicho… En el hablar de mi tierra, “hay gente pa tó”.

Aburrido de la auto-exigencia

Para acabar con el cuadro, he intentado en diversas ocasiones tratar de tomarme el “blogueo” de una forma más sosegada. Pero en mi cabeza hay una especie de contador, un reloj de arena que se va desgranando cada día que paso sin escribir algo. Acuciado a veces por la necesidad de ingresos económicos extraordinarios, no veo, más allá de mis propias narices, la cruda realidad: un blog sobre software libre, por la propia naturaleza de éste, jamás podrá generar dinero. Al menos, no más de una propina. Leía esta semana a Javier Pastor en Incognitosis, en esa tremenda tormenta que provocó su artículo quejándose del escaso rendimiento de su campaña de patronazgo y pensaba, por momentos, que si un escritor profesional no es capaz de sacar adelante un proyecto tan bueno, es evidente donde quedamos los demás, simples “plumillas” que, para más inri, escribimos sobre el sistema gratuito por excelencia.

No quiero malas interpretaciones de esto último. Comencé a escribir por gusto, porque me apetecía. Lo que no tengo tan claro es por qué lo sigo haciendo. Algunas campañas publicitarias me han animado a ver esto como una especie de trabajo. Pero, siendo serios, tan mal remunerado que no tiene sentido como motivación. A veces me vengo arriba, como con la reciente aparición de Chakra Fermi, para luego volver al desierto de temas a tratar: ¿revisiones? No puedo más, estoy reventado de hacer eso. ¿Tutoriales? Cada vez hay menos cosas sobre las que enseñar o son demasiado complejas como para atraer atención. Además, ¿centradas en qué distro? Si no hago más que saltar de una a otra…

Al final termina ganando la utilización del blog y la escritura como una suerte de desahogo personal. A sabiendas de que es otro artículo de esos que, de cuando en cuando, publico para que más de uno y más de dos tuerzan el gesto y piensen: “ya está éste otra vez con lo mismo”. Porque sí, entiendo que vosotros también estaréis aburridos, en este caso de la indefinición linuxera de quien escribe.

Mi problema es parecido al que describía Malcer antes de abandonar el edificio. Mi “personaje” (llamémosle shadow), me ha fagocitado. Se ha tragado a la persona. Trato de guardar las formas casi siempre y respetar el trabajo de otros lo tengo como norma número uno. Aunque en realidad me apetece muchas veces despotricar como un poseso, a lo Dedoimedo en una de sus últimas revisiones. ¿Por qué c*** no funciona esto si funcionaba antes? Es muy descorazonador encontrar fallos en todas las distribuciones, de mayor o menor calado, pero fallos al fin y al cabo. Al principio uno va saltando, en un intento de huir de estos problemas, hasta que se da cuenta de que ya lo ha probado todo y siempre hay algo que no funciona como debiera. En Debian estable también me ha pasado, que ya os veo venir. Y, por supuesto, lo mismo se aplica a Windows y supongo que a Mac, aunque nunca lo he usado y no puedo asegurarlo por propia experiencia.

Pero el “buen shadow” no puede hacer eso. Me refiero a despotricar porque esto o aquello funciona como el culo o precisa de media hora de terminal a finales de 2015. Creo que lo que en realidad necesito son unas largas vacaciones tecnológicas. Estoy tan quemado, que ya me aburrí de estar aburrido. Como podéis comprobar por el tono del artículo, vuelvo a esa parte del bucle infinito donde tomo conciencia del propio bucle infinito. Como en “Atrapado en el tiempo”, cuando Bill Murray se da cuenta de lo que le ocurre y solo me falta, como a su personaje en la película, averiguar cuál es la acción concreta que me muestre la salida.

MarmotaDayOK

 

Buscando soluciones

Ahora viene lo más complicado, de largo. Seguir en este plan o mover ficha para cambiar. Por seguir citando fieles lectores – esto es algo que me encanta – es el turno de Juan Martínez (INDX) en la entrada sobre Chakra Fermi, cuando me preguntaba (aunque él sabía la respuesta igual que yo) si se quedaría como único sistema operativo en mi equipo. Son muchos años escribiendo sobre esto como para ignorar que me caso con las distribuciones hasta que el primer error nos separe… Aunque a algunas les aguanto más. Son mis costumbres. Si se me permite la licencia, voy a usar este artículo para pedir consejos basados en la experiencia individual:

  • ¿Creéis que es posible acabar con el “distro hopping”? ¿O todo linuxero está condenado a repetir instalaciones hasta el fin de los tiempos?
  • ¿Es una adicción que trasciende GNU/Linux? ¿Es, más bien, una adicción a la tecnología en general?
  • Si aparecen errores en la distribución que estéis usando, ¿qué actitud tomáis ante los mismos?
  • ¿Os habéis planteado abandonar el uso de GNU/Linux por estar hartos de tanto cambiar?

Me ha costado mucho escribir el artículo. Varios días, de hecho. Os cuento todo esto en un intento por explicar el grado de insatisfacción que he alcanzado en los últimos tiempos, que roza ya la ansiedad pura y dura. Lo he escrito usando Chakra, por cierto, lo que demuestra que sus errores no me impiden realizar mis tareas. Mis frustraciones son, seguramente, consecuencia del exceso de tiempo invertido en esta faceta de mi vida, tanto que toca tomarse un tiempo de reflexión, una vez más.

Salud

PD: la imagen que encabeza este artículo es cortesía de Shutterstock.


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