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Por mucho que nos pese, a unos más que a otros, el verano se empieza a terminar con la llegada de Septiembre. Las estaciones siempre son difusas, de algún modo, con límites no del todo definidos. Sabemos que, técnicamente hablando, aún quedan unas tres semanas de estío, mas la realidad es tozuda y se impone: caen las hojas, vuelven los niños al colegio, se retoman las actividades cotidianas, llegan los chaparrones. Es el final del verano, como ya cantaban Manolo y Ramón.

Mi verano “linuxero” lo ha protagonizado openSUSE. A caballo entre alguna que otra revisión y la instalación y puesta a punto de esa máquina de robar información privada llamada Windows 10. No se la recomiendo, por cierto, ni a mi peor enemigo, así salga cien veces Ana Simón por la tele preguntándole a Cortana no sé qué de una reunión con su jefe. Huid de Windows 10 como de la peste, no seáis idiotas, no os convirtáis en un producto de mercado salvo que no os quede otra por estar en juego vuestro pan. Ahí queda mi consejo.

Os cuento en el artículo de hoy qué tal me ha ido con la distribución de Geeko, ese camaleón que es mascota e imagen principal de openSUSE. Supongo que, en vista de que ha permanecido como mi distribución principal todo el periodo estival, ya os podéis hacer una idea del resultado de la experiencia. Bordes rugosos ha habido, como no podía ser de otra forma, pero en general no empañan para nada el éxito final de esta prueba. Vamos, pues, a puntualizar y matizar esto que digo, comenzando con las cosas que más me han impresionado en positivo de la distribución.

Actualizaciones muy frecuentes

Sin ser una “rolling release” – que sabemos que existe y se apellida “Tumbleweed” – openSUSE recibe actualizaciones de un modo tan continuado que es digno de alabanza. Y no me refiero solo a parches de seguridad, que son muy importantes, por supuesto, sino también al software de los repositorios. Raro es el día en que no abro la sesión y me aguarda el indicador de actualizaciones en la bandeja de entrada, presto para la tarea.

Esto, sin querer entrar en odiosas comparaciones, denota que la comunidad susera está muy viva y en máxima actividad, algo que es tremendamente positivo para el presente y futuro de la distribución.

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El “bichito” que anuncia las actualizaciones de hardware en openSUSE KDE

 

Amplio catálogo de software disponible

No he echado nada a faltar desde que vengo usando openSUSE. Tampoco es que yo sea un ejemplo de usuario exigente en cuanto a aplicaciones de uso cotidiano: Firefox, Chromium ocasionalmente, la suite Kontact, Steam, Clementine, Filezilla, Libreoffice, Skype, Spotify, qBittorrent, Telegram, KDEconnect, el cliente de escritorio de ownCloud… Creo que eso es todo. Además, claro, de los controladores propietarios de mi gráfica AMD (Catalyst) y de mi impresora HP. Todo ello está en openSUSE.

Aun siendo un ejemplo bastante pobre, lo pude encontrar e instalar todo con suma facilidad. El repositorio de aplicaciones que constituye software.opensuse.org es una maravilla, así como el proceso de instalación en sí, con el socorrido “1-click-install”.

Casi todas las aplicaciones al alcance de 1 clic
Es un privilegio tener casi todas las aplicaciones al alcance de 1 clic

 

Reconocimiento y rendimiento del hardware

Me ha pasado un par de veces este verano: estar revisando una distribución o contestando a alguna duda que me obliga a entrar en Ubuntu, Mint o la que sea, cuando de repente debo hacer algo que requiere conectar la cámara de fotos al equipo, por ejemplo. Una Canon Powershot, por cierto. La conecto desde Ubuntu Vivid, es reconocida y… no puedo acceder a los archivos. Reinicio, abro openSUSE y… ¡éxito!

Ocurrió lo mismo con el móvil LG de mi mujer, con el añadido de que éste ni siquiera era operativo en Windows (solo con un software del fabricante, y aun así iba a trompicones) y funcionaba perfecto en openSUSE. Sé que son solo dos ejemplos aislados y muchos habréis experimentado la vivencia contraria, pero al César lo que es del César y, en mi caso, openSUSE gana.

A este buen reconocimiento he de añadir – lo comenté en su momento – que openSUSE es la única distribución en la que se saca partido al chipset de sonido de la placa Gigabyte A75-UD4H que forma parte de mi equipo. Y lo hace al mismo nivel que me ofrece Windows y sus controladores, con una potencia de sonido muy superior a la comprobada en ninguna distribución que haya probado hasta ahora. Y vaya si he probado…

Todo lo anterior son las cosas positivas que más me han llamado la atención. Por supuesto, estoy obviando otras fundamentales, como son la estabilidad, velocidad y fluidez del sistema, virtudes que están presentes, ya que de lo contrario no creo que hubiese aguantado hasta el día de hoy. Veamos, ahora, los pequeños obstáculos encontrados.

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La herramienta de detección de hardware de openSUSE

El sistema de archivos BTRFS es lento… o no.

Puesto que utilizo openSUSE desde una partición en un disco duro externo, no ha de tomarse demasiado en serio este punto que menciono. La cuestión es que a veces da la sensación, sobre todo al copiar grandes cantidades de información, de que el sistema se atora y se vuelve lento. Esto no me ocurre con otras, como Ubuntu o Chakra, y las diferencias entras éstas y la de Geeko vienen por dos sitios: una, la ya mencionada ubicación de la partición. La otra, el sistema de archivos que emplean.

Es una aseveración que no voy a poder elevar a definitiva hasta que no pruebe openSUSE en una partición de mi disco duro interno. Un momento… ¡si eso ya lo hice! Hubo un cuelgue en Dolphin y cierta lentitud entonces, por lo que me da en la nariz que sí que va a ser cosa del sistema BTRFS. Tal vez algún lector que lleve más tiempo usando este sistema de archivos pueda darme su punto de vista sobre este asunto.

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Menudo lío de particiones. Se avecina un cambio, eso seguro

 

La extraña “saturación” del wifi

Aunque no he tenido que lamentar caídas en el wifi o en la conexión a Internet, como en ocasiones me ocurría con la LTS de Ubuntu, hubo un momento concreto donde la señal se cortaba intermitentemente y se hacía inutilizable el sistema: durante el uso de Skype. Esto no me había sucedido antes con ninguna otra distribución, de modo que deduzco que el problema está en la versión empaquetada para openSUSE. Skype funciona, pero al poco rato de estar en plena conversación… ¡pum! Caída del wifi. Reconectas, vuelves a realizar la llamada a la otra persona, pasan escasos segundos… nueva caída. Tras tres intentos tuve que desistir e iniciar en Ubuntu, donde dicho comportamiento no se reprodujo.

Fin de los problemas. Para haber transcurrido todo un verano, yo diría que no está nada mal.

 

Y ahora… ¿qué hacemos con openSUSE?

Sé que para la inmensa mayoría de vosotros, estos rollos de “distro hopper” o “salseo linuxero”, como lo quiere llamar ahora Yoyo Fernández, no constituyen más que una distracción absurda. Pero yo me he encontrado muy a gusto en openSUSE 13.2 KDE. ¿Qué hacer, tras pasar el que he bautizado como “verano del camaleón”? La reflexión solo puede partir de una obligada comparación con las opciones que conviven en mis discos duros, por muy feo que esté eso de cotejar sistemas GNU/Linux entre sí.

Ubuntu está muy bien, como siempre, y yo me acostumbré a Unity en su día y se me hace sencillo trabajar en ese entorno. Estaba asentado en la LTS hasta que aparecieron los problemas de conexión y de lentitud que me hicieron desoír mis propios consejos y actualizar a la última versión disponible. Ubuntu Vivid es liviana, una vez la reinstalé para solucionar el caos que yo mismo había creado al actualizar desde dos versiones anteriores. Tiene sus “cosillas”, como la incapacidad de reconocer algún dispositivo, que me echan para atrás.

Chakra hace ya tiempo que dejé de usarla con asiduidad, al igual que dejé de frecuentar los foros y comunidades, los cuales, sería absurdo negarlo, cada vez tienen menos vida. Aunque siga, de cuando en cuando, usando la distribución desde el portátil, hay cosas que no pueden ser y además, son imposibles, ya lo dijera El Gallo o Talleyrand. Chakra se encuentra actualmente en una especie de “valle de actividad”, con picos puntuales normalmente coincidentes con los lanzamientos de KDE. Pero, a una escala básica, ocurre que errores reportados tan flagrantes como el que impide ver las gráficas de rendimiento en el monitor del sistema… ahí siguen, meses después. Y lo que te rondaré morena. Por desgracia, hace falta un equipo amplio y con tiempo disponible para llevar una distribución a unos niveles mínimos y, lamentablemente, hace ya mucho que Chakra no dispone de eso.

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A ver qué hago yo ahora… Imagen de Shutterstock

Del resto del ecosistema no sé qué decir, la verdad. Tengo “guantás” para todos y podría detallar montones de bondades y defectos de cada una. Sabemos – ¿lo sabemos? – que la distribución perfecta no existe, existió ni existirá, al menos no disociada de los otros dos elementos de la terna: usuario y hardware. Ahora parece que openSUSE se adapta muy bien a mí y a mí equipo… Pero, ¿por cuánto tiempo?

Para empezar, la transición a Plasma 5 no me gusta en absoluto. Me empiezo a sentir igual que en otros momentos de cambio en GNU/Linux, como con la llegada del errático KDE 4 de las primeras versiones, o con la modificación paradigmática de Gnome 3. Perdido, como el barco del arroz. En estos tiempos de zozobra siempre surge la duda: mantenerse hasta que se resuelvan los errores o dar el salto a otro entorno. En caso de seguir en openSUSE, llegará el momento en que tenga que plantearme tal decisión, si bien el soporte de esta openSUSE 13.2 se alargará, al menos, 5 meses más. ¿Instalar la nueva openSUSE 42 con Gnome 3, tal vez?

No es mi deseo aburriros más con mis tribulaciones de “freak” linuxero… Confieso dos cosas, para terminar: una, que este verano que pasé con openSUSE ha sido muy satisfactorio desde el punto de vista de un usuario normal de GNU/Linux. Dos, que por primera vez no tengo ni pajolera idea de qué distribución adoptar como principal. Son muchos años de saltos de una distro a otra, tantos que ya me quedé sin noveleríos, sin ganas y sin ideas. Parece sencillo amoldarse a aquella que menos fallos tenga en tu equipo y, por ende, menos tiempo te robe para corregirlos. Y luego está ese pequeño experimento que tengo en mente… En fin, ya veremos por dónde tiramos, que tampoco es una cuestión con la que merezca la pena obsesionarse. Entre tanto, aquí sigo en mi openSUSE, más allá del verano del camaleón.

Salud


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