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Han sido dos semanas intensas. Uno, por muy crecidito que esté ya, sigue albergando en su interior a un niño que mamó de la teta del equipo de la casta y el coraje, curtidas las posaderas en aquellos escalones de cemento armado, con mucho sol y alguna que otra lluvia, junto a los mismos incoercibles, auténticos Guardianes de Nervión. Por mucho que pueda reconocer que el fútbol actual vive en la desmesura, que los problemas de muchas personas son de una infinita importancia al lado de este circo mediático y de millonarios, el niño del Sánchez-Pizjuán sigue estando ahí. Permítanme que me dé el gusto de utilizar este pequeño espacio personal en la red para gritarlo a los cuatro vientos: gracias Sevilla, por haberme dado tanto.

Pero, ¿esto no era un blog de Linux? Sí, de GNU/Linux, pero también un blog personal. Ya pueden mis lectores odiantes de la fe palangana y/o balompédica, si es que tengo alguno, borrarme con mueca de asco de sus marcadores. Hala, con Dios. Venía hoy a escribir acerca de mi experiencia con openSUSE como sistema único en mi equipo de sobremesa y el primer párrafo que me ha salido pues, qué quieren que les diga, ha resultado como ha resultado. Lo dejo ahí, pero es que tanto morderse la lengua y aguantar a anormales por las redes sociales cansa una mijita. No se arañen más la cara que hace pupa. Vamos con Geeko.

Lo primero es lo primero, así que lo suelto sin más dilación: Geeko vuelve a tener compañía. Recuerden que había hecho una copia de seguridad de mi disco duro SSD, el cual tenía instalados Windows 10 y Linux Mint 17.3 Cinnamon. La situación hoy ha cambiado. Han vuelto los de Redmond… pero Geeko no se ha ido. El reto consistía en aguantar con openSUSE Leap 42.1 como sistema para todo, recurriendo a Wine en caso necesario. Máquinas virtuales con Windows, pues como que no, porque no soporto la virtualización que se come los recursos con voracidad y no sirve para jugar. Si hay que ir se va, pero ir “pa ná” es tontería. Traducción: para instalar Windows en Virtualbox, lo instalo en hardware real y a otra cosa.

Lo que he echado en falta en openSUSE

Se podría resumir en dos palabras: muy poquito. Todo lo más, un par de cosas, pues al fin conseguí instalar Spotify en la distro del camaleón gracias a las siempre útiles indicaciones que uno encuentra en los foros comunitarios. Con Acestream no hubo suerte, aunque me sirvió para probar de primera mano lo que es tener un repositorio propio en OBS y lo frustrante que resulta el intentar durante horas hacer funcionar algo que no está hecho para la distribución que uno usa. Es lo que más me molesta de la diversidad linuxera… la existencia de unos mínimos estándares se me antoja ya imprescindible para avanzar. Algo que nunca llegará y, por eso, amén de otras cuestiones externas, el año de Linux en el escritorio siempre será el que viene. Le tenía fe a los paquetes Snap de Ubuntu, mas me da que va a tardarse una eternidad en convertir eso en un estándar, si es que alguna vez sucede.

Acestream es, por tanto, el único programa que empleo habitualmente que no fui capaz de instalar en openSUSE. Y es una falta menor, dado que suelo darle uso en el salón y no en la habitación donde tengo el equipo de escritorio. Mientras tenga Linux Mint en el portátil, donde Acestream funciona de fábula, no supone problema alguno. Cuestión diferente es la de los juegos. En concreto, aquellos de Steam que, no existiendo para GNU/Linux, se deben utilizar bajo la versión para Windows, que en mi caso anda en Wine con PlayOnLinux. El rendimiento es bastante bueno, si acaso un puntito por debajo, del que se logra en el sistema de Microsoft. Sin embargo, hay programas auxiliares y utilidades que no corren ni para atrás. Uno de estos ejecutables es el que permite actualizar la base de datos de Pro Evolution Soccer a la temporada actual, que recién acaba – seguimos hablando de fútbol, después de todo – lo cual es importante para jugadores quisquillosos como yo.

En resumidas cuentas: pelín menos de rendimiento e imposibilidad de lanzar ciertos programas, lo cual me lleva las típicas preguntas de siempre: ¿para qué molestarse? ¿Por qué auto-limitarse si se dispone de licencia de Windows? O aunque ésta no se tenga, Windows 10 se puede descargar y el único precio a pagar por no activarlo es una marca de agua que apenas se percibe. Por ideario… no sé, ya eso es harina de otro costal. Mi intención con este experimento no era satisfacer la demanda romántica del usuario exclusivo de un sistema operativo libre. Me centré únicamente en lo práctico y, en ese aspecto, creo que el arranque dual es mucho mejor.

Y sin embargo me quedo con el Geeko

Aunque restauré mi disco duro original gracias a Clonezilla, apenas un rato de uso de Linux Mint 17.3 Cinnamon – pedazo de sistema, estable y sencillo – me hicieron echar de menos al entrañable camaleón. Ya dispongo de Linux Mint en el portátil, donde me permite hacer aquello para lo que uso ese ordenador, con total libertad y sin cortapisas a la instalación de Acestream. Esto no ocurre en openSUSE, pero como sistema de escritorio con su Plasma 5 pulido y la adición de los geniales iconos de Fabián, se alegra la vista. Uno está hecho a KDE, después de todo. “¡Distro hop!” y ale, cambiamos Linux Mint por openSUSE. Santas Pascuas.

 

Plasma 5 en openSUSE
Mi escritorio Plasma 5 en openSUSE Leap 42.1 con los iconos Antü

 

Como ya estoy más quemado que los palos del churrero, no voy a empezar con la retahíla de motivos por los cuales openSUSE mola mucho y Linux Mint un poco menos. O Chakra y sus limitaciones, lo mismo da. Todos tienen algo que les falta a los demás. Grandes sistemas inacabados donde falta un punto para la cuasi perfección, eso que podríamos conseguir si atendiésemos un poquito a los estándares y no existiese la imperiosa necesidad de tirar cada uno para un lado, muchas veces mirando su ombligo sin importar nada más. Yo quiero un “FrankenLinux”, con el aspecto y la versatilidad del Plasma 5 de openSUSE, la buena integración con la nube de Gnome en Antergos, la popularidad y cuota de uso de Ubuntu o Linux Mint, la estabilidad de Debian, la vertiente innovadora de Fedora, la comunidad de Chakra… Nueve años después, sigo buscando sin hallar. Y lo que te rondaré, morena. Porque eso es algo que no existe. Y si existiera, sería perfecto para mí, pero no lo sería para otro.

Conclusión que saco de las dos semanas de experiencia exclusiva “opensusera”: me encanta la distro, tanto que sigo usándola. Su estabilidad y su Plasma 5 donde todo funciona bien me han ganado para la causa. En otras implementaciones del escritorio KDE, es decir, en otras distribuciones, sigo encontrando errores aquí y allá, a veces relacionados con el dichoso systemd (dichoso es un eufemismo para no afear demasiado el texto con términos soeces) y otras con el propio Plasma 5. En openSUSE todo parece ir bien, al menos por el momento. Otro gallo cantaría si tuviese que escoger un único sistema para usar exclusivamente, por narices. Tendría que ser, todavía a día de hoy, año 2016, el de Microsoft. Afortunadamente existe el arranque dual y uno puede disfrutar de lo mejor de ambos mundos a voluntad.

Salud y Geeko para todos


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