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La leyenda de la estabilidad. Así voy a llamar a partir de ahora a las ediciones con soporte extendido de Ubuntu. Os aviso de que no pretendo escribir un artículo para “rajar” de la distribución de Canonical, porque de ésos, está la red de redes llena. Solo describo mi experiencia personal con Ubuntu Trusty, que ha vuelto a devenir en un fallo inexplicable y de complicada depuración. A decir verdad, el que la solución fuese sencilla de localizar tampoco iba a suponer un atenuante, porque uno anda ya cansado de solucionar errores. Regresiones, “bugs”, problemas derivados del uso de “PPAs”… qué sé yo. Ni soy un gurú ni lo pretendo. Soy un tipo con poca paciencia, eso sí.

En mi última reestructuración del disco duro había recurrido a Ubuntu 14.04.3 como única distribución. En ella virtualizaba sistemas para hacer probaturas (Chakra vs Kubuntu, Arch instalado con Architect Linux, Windows…) y no quería saber nada más de instalaciones. Porque hasta el “distro hopping” tiene un límite, por muy enfermizo que sea. Pero resulta que GNU/Linux se empeña en que uno no pueda quedarse por mucho tiempo en una misma distribución, a no ser que se esté dispuesto a perder horas en depurar errores. Hay fallos, más o menos molestos, que se pueden tolerar, por supuesto. Pero os hablo del rey de los “bugs”: congelación del escritorio, sin posibilidad de salir del entorno gráfico a una terminal, sin más opción que pulsar el botoncito y reiniciar a lo burro. “Hard reset”, para los puristas.

La primera vez no le dí mayor importancia. La segunda, me cabreé un poquito. A la tercera, ya con la mosca detrás de la oreja, pensé en un fallo de hardware, posiblemente de la RAM, como causa más probable. De manera que inicié con el completo Grub de openSUSE, que sigue en mi disco externo, y efectué varias pruebas de memoria, con el resultado que os muestro en la imagen. Sin fallos aparentes.

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Los módulos de memoria están bien: el fallo es de Ubuntu

La actitud ante el error en GNU/Linux

Me ha pasado tantas veces ya, a distintos niveles de gravedad, que hace mucho que perdí la cuenta. El otro día llegué por casualidad a un artículo mío que había sido compartido en Taringa (no pongo enlace, solo faltaba eso) y había un comentario que me tocó un poco la fibra sensible. Decía el autor que mis artículos nada le aportaban, más allá de expresar mi indefinición absoluta e incapacidad para decidirme por una distribución. Me molesta un poco su afirmación, en el sentido de que no todos mis artículos versan sobre problemas en GNU/Linux, también hay muchos tutoriales, los cuales parece olvidar, cuya finalidad útlima es servir de ayuda. Pero tiene algo de razón en lo que afirma sobre mí: soy de gatillo muy fácil y no me tiembla el pulso a la hora de cargarme una distribución.

Pues bien, mal que me pese y aunque mil “taringueros” me acusen de veleta, no creo que pueda cambiar eso. Soy así, tengo que aceptarlo. A la tercera vez que Ubuntu se congeló, y una vez descartado el fallo de hardware, solo me quedaba mirar los archivos de bitácora (“logs”), del sistema. Así lo hice, sin encontrar nada que tuviese sentido para mí o que explicase los cuelgues.

Supongo que un buen “linuxero”, si es que existe tal cosa, acudiría a los foros de Ubuntu a preguntar, o abriría un informe de error para tratar de ayudar a Canonical a encontrar el origen del fallo. Si esto es así, yo debo ser un usuario horrible, porque me da una tremenda pereza hacer eso. Antes lo hacía, así que o bien me hago viejo o estoy demasiado quemado ya como para seguir con esa forma de actuar. Lo asumo, me levanto y lo digo: “soy un mal usuario de GNU/Linux, de los que solamente quieren que todo funcione y punto”.

La fiesta se acabó: a la hoguera

En todo el tiempo que llevo dando vueltas por distribuciones GNU/Linux varias, se puede encontrar un punto de inflexión en cuanto a la actitud tomada: la adquisición del nuevo equipo con hardware AMD. Antes de eso, con mi Pentium IV de gráfica integrada Intel, la mayoría de cambios de sistema se debían a la curiosidad y al novelerío, sobre todo porque eran los primeros meses de uso de GN/Linux y andaba ávido de descubrir y aprender. Aquellos días se fueron hace mucho y solamente quedaron los problemas de compatibilidad con el hardware y las regresiones en distintos aspectos del sistema. Juan Martínez, alias “INDX”, redactor de Digital y Más y mi más antiguo lector – al menos, que yo recuerde – lo comentaba hace poco: “no podrás disfrutar del equipo en GNU/Linux mientras tengas el hardware que tienes”. Frase lapidaria que tendré que grabar en piedra, a ver si no la olvido.

Por el momento he pensado dejar de lado el “buenrrollismo”. Cortar por lo sano con algunas distribuciones que me dejan tirado una y otra vez, cuando no es por una cosa, por otra. En Ubuntu me fallaba el “wifi” hace poco, se arregló, y ahora se congela el escritorio. Todo ello en una edición de soporte extendido, donde se suponen pocos cambios, o si los hay, de poco calado. Uno, tal vez amparándose en el espíritu comunitario, no quiere ser demasiado duro con ninguna distribución, aunque en realidad, ésta en particular la desarrolla una empresa. En cualquier caso, me tiene harto: adiós, Ubuntu, que te vaya bonito. Te condeno a la hoguera de las distros GNU/Linux que no van bien en mi equipo.

Windows como negocio

Cambiando de tema, algunos sabéis que soy enfermero. Trabajo en las Urgencias de un hospital, con una contrato de jornada parcial desde hace algunos años. Tengo muchos compañeros, entre médicos, colegas enfermeros, auxiliares, celadores y personal de limpieza, pero pocos de ellos conocen mi pasado como estudiante de Informática o mi presente como bloguero “linuxero”. El otro día, mientras trabajábamos tras el mostrador de Observación, una de las torres se cayó de la plataforma que la mantenía separada del suelo y el equipo se apagó. Por mucho que os hayan contado que la Junta de Andalucía promueve el software libre, que si Guadalinex y demás, en su mayor parte esto es una falacia. En el Servicio Andaluz de Salud usamos un programa llamado Diraya, encargado en su día a una filial de HP – o eso me comentó alguien que decía haber trabajado en el desarrollo – que corre bajo Windows. Bajo XP, para colmo, en la mayoría de puestos, con alguna excepción que ejecuta Windows 7. Una apuesta por el software libre del Gobierno Autonómico del Partido “Socialista Obrero” Español, claro que sí.

Me centro, que estoy desvariando. Al caerse el equipo y apagarse, lo creáis o no, no había nadie en aquella sala de Observación capaz de solucionar el problema. Uno de mis compañeros aludió a mí, con el clásico “tú que estudiaste Informática” (no llegué a completar ni dos años, en realidad), como posible salvador de la situación. Me agaché, recogí la torre, volví a conectar los cuatro cables que se habían caído y a funcionar. Un par de mis compañeras que desconocían esta faceta mía me preguntaron si podría ayudarlas con sus equipos personales, que sufrían el típico mal del usuario inconsciente de Windows: lentitud exasperante y navegadores con muchas, demasiadas, barras de búsqueda.

Ya hace bastante tiempo que abandoné mi vertiente como evangelizador de la Iglesia de San Ignucio. La gente no atiende a razones y no quiere saber, en la mayoría de los casos, nada de sistemas con nombres raros o apariencia ligeramente distinta a los que han conocido siempre. Aun así, les hablé de un sistema que yo usaba y que no precisaba de antivirus, que no se degradaba con el tiempo y era mucho más seguro y respetuoso con la privacidad. Incluso les mostré unos pantallazos de Ubuntu, a ver si les atrapaba la estética moderna de Unity.

Lo adivináis, ¿verdad? No quisieron saber nada de eso y, a cambio, me ofrecieron un dinero por dejar sus Windows como estaban al principio. “¿Tú sabes como formatear el Windows?”, me espetó una de ellas. Pues entonces, ¡cállate y coge mi dinero!

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“Shut up and take my money!”

Este episodio me ha hecho pensar que, entre muchas otras razones, el negocio que supone pasarse la vida arreglando los desaguisados que los usuarios con poco o nulo conocimiento causan en sus sistemas Windows, hace inviable que algún día GNU/Linux llegue a ser el sistema de elección de la mayoría. Debe existir un mercado que mueve mucho dinero en base a esto. Y todos sabemos que el dinero manda. A lo mejor algunos de vosotros habríais optado por negaros a darles asistencia si no usan software libre… yo lo respeto, pero con eso no se compra comida, bienes o servicios. Opté por no insistir en las bondades de GNU/Linux, en parte porque no llego a fin de mes y un dinerillo extra siempre viene bien.

Escribo en parte porque, por otro lado, tampoco sabría qué distribución recomendar. Todas me han fallado en alguna ocasión. Todas sin excepción. Suena duro pero es cierto. Que tras años de uso de GNU/Linux todavía no pueda confiar en una distribución como para instalarla a un amigo o compañero con la seguridad de que todo irá bien, dice a las claras que algo está fallando. Entre mis familiares, solamente mi padre conserva Chakra, aunque usa más Windows porque prefiere Photoshop y Lightroom en su entorno natural, sin virtualizaciones o capas de abstracción que valgan. Mi suegro, a quien intenté en su día pasar a Linux Mint primero y Ubuntu después, también sufrió errores y tuve que hocicar con devolverlo al redil de Redmond. Mi cuñado, aunque todavía conserva una partición con SolusOS (vaya tino que tuve con mi elección), también pasa sus días en Windows, donde mi sobrina encuentra menos problemas a la hora de hacer sus deberes.

El retorno de la partición con Windows

De esta guisa me veo. Para darle la razón al “taringuero” en sus apreciaciones sobre mí, aunque no me conozca en absoluto, volví a instalar Windows para probar a actualizar desde mi Windows 7 legal al nuevo Windows 10. Esto es lo que pretendo hacer si, finalmente, mis compañeras deciden que les intente arreglar el desastre que tienen montado en sus propios equipos. Contando con que tengan las preceptivas licencias, que ya es mucho suponer…

¿Y qué pasa con GNU/Linux? Desterrado Ubuntu para siempre, mi corazón se debate entre tres posibilidades: mi aprecio por una Chakra que tengo la seguridad de que me va a fallar, porque Plasma 5 no está maduro del todo, me hace tenerla en consideración. Luego, mi experiencia con Linux Mint Rafaela me asegura que es mucho más estable que Ubuntu. Por último, mañana sale una nueva openSUSE, versión 42.1, que también me llama un poco, aunque con la tremenda duda de qué escritorio escoger, porque ésa es otra… La respuesta, por el momento, la dejo en el aire. Como Dylan.

Salud

PD: La imagen con los logos de Ubuntu y Windows la he tomado de PC World.


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