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Disculpen ustedes mi falta de originalidad. Sí, se me ha ocurrido que el “verano del camaleón” podría tener su continuidad en el otoño de Debian, así sin más. En realidad, mi intención era realizar un experimento con una distribución que estuviese únicamente formada por paquetes libres y tratar de sobrevivir con ella como único sistema disponible para el día a día. Supongo que ya se ha hecho antes, pero me apetecía probar la experiencia. Sin embargo, esta historia estaba condenada a morir antes de siquiera ver la luz, debido a que ninguno de los adaptadores wifi que poseo (tres, nada menos) son soportados por GNU/Linux sin usar “blobs” binarios. Sí, podría comprar un cable de red de diez metros hasta el salón o trasladar todo el equipo allí, siendo ambas soluciones un seguro motivo de disputa familiar, ya me entienden… También podría adquirir este adaptador totalmente libre avalado por la FSF, pero eso lo dejamos para otro mes en el que me “sobren” treinta y tantos euros más gastos de envío desde Rumanía. La libertad siempre tiene un precio.

Retomando el hilo de mi idea original, no pensaba usar Trisquel o Parábola, sino directamente Debian Jessie, con la opción “contrib non-free” no añadida entre los repositorios. Al darme cuenta de lo imposible del asunto – o, más bien, de mi falta de motivación para buscarme problemas domésticos en pos del software libre – se me ocurrió pasar una temporada en tan insigne distribución, como había realizado estos meses atrás con openSUSE y plasmar las vivencias, problemas y soluciones en este blog. Así que en ésas estamos, metido de lleno en una nueva aventura “linuxera”, esta vez a bordo del barco de Debian. Allá vamos.

Instalar Debian Jessie con Gnome

Siempre he preferido usar para cada distribución el entorno de escritorio, digamos, principal de la misma. Sé que hay muchas que vienen sin uno definido, como Arch, pero igual que openSUSE me evoca a KDE, Debian me induce a pensar en Gnome, como Ubuntu en Unity (esto es obvio) o Manjaro en XFCE. Son mis manías y las tengo que asumir, qué remedio.

Hay varias formas de instalar Debian. En mi caso, tenía almacenada una imagen “iso” de Debian Jessie y siempre mantengo en una tarjeta de memoria, por precaución, los paquetes de firmware no libre que precisa mi equipo para ser funcional al cien por cien. De modo que solamente tuve que grabar la imagen con SUSE Image Writer desde mi openSUSE 13.2, escoger la instalación gráfica en el menú de Debian, omitir la configuración de la red (puesto que, inicialmente, no se reconoce la tarjeta inalámbrica) y finalizar la instalación con un único repositorio “offline”: el DVD 1 de Debian Jessie.

¿Por qué afirmo que hay otras opciones? Para empezar, Debian pone a disposición de los usuarios que se plantean su instalación una “iso” alternativa que incluye, de serie, los controladores privativos de ciertos dispositivos, en especial las tarjetas wifi y las gráficas. Es un método alternativo altamente recomendable, que en esta ocasión deseché porque ya soy perro viejo para estas cosas y prefiero hacerlo a mi manera, como cantaba La Voz.

Instalar los paquetes de firmware no libre

Al optar por dicho método, la primera vez que reinicio aparecen varios mensajes de advertencia durante el arranque, que señalan la falta de paquetes necesarios para que funcionen tanto la red inalámbrica como la gráfica integrada en mi APU A8 (una Radeon HD 6550D). En el caso de esta última, funcionar sí que funciona, aunque lo hace a resoluciones más bajas y sin poder sacar partido de la aceleración gráfica. Si os estáis preguntando por qué esto ocurre en Debian y no en otras distribuciones, la respuesta se llama kernel sin “blobs” binarios.

Nótese que no escribo “kernel-libre”. El kernel de Debian, cuyos binarios podéis consultar sin ningún tipo de problemas, solo incluye aquellos módulos que cumplen los requisitos establecidos en su contrato social, que no son exactamente los mismos que defiende la Free Software Foundation. Debian va por libre, si se me permite el juego de palabras. En el caso de mi hardware, no se incluyen los controladores libres (que, insisto, tienen “blobs” binarios) de AMD ni los de Ralink. Solución: instalar ambos paquetes que conservo como oro en paño. Las alternativas, además de la ya mencionada “iso” con controladores que no cumplen las exigencias de Debian, pasan por conectar el equipo mediante un cable de red para bajar los paquetes correspondientes desde los repositorios.

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Mi tarjeta de memoria contiene los paquetes que necesito para esta versión de Debian

Antes de proseguir mi relato, por si no os habéis percatado todavía, esto no es una guía de instalación de Debian. Cansa mucho repetir lo ya visto hasta la saciedad en la red, sobre todo cuando hay muy buenos manuales, empezando por el oficial de Debian. Una rápida búsqueda en DuckDuckGo nos devuelve algunos otros resultados interesantes para la configuración y puesta a punto del sistema, como en Diversidad y un poco de todo o esta otra en Tecmint.com, muy completa aunque en inglés. También el ya mencionado en otras ocasiones, de HachikoMustang.

Elegir una rama: me quedo en Jessie

Como muchas otras veces tras la instalación de Debian, surge la pregunta: ¿debo quedarme en Estable? Si así lo decido, ¿me voy a perder algo? Durante la época en que usé Debian como sistema principal (allá por Lenny y principios de Squeeze), siempre me mantuve en la rama Testing, con pequeños problemas puntuales sin demasiada importancia. Hoy en día soy bastante más vago y mis ganas de batallar en GNU/Linux tienden a cero, por lo que mi decisión es quedarme con Jessie, salvo que algo no ande bien y necesite un kernel más nuevo o cualquier funcionalidad. Actualizar por actualizar ya no me motiva nada.

Dado que mi tarjeta de red inalámbrica no se encontraba operativa durante la instalación, el único repositorio que tengo configurado de inicio es el propio “pendrive” con la “iso” de Debian. Momento de solucionar esto haciendo:

su

nano /etc/apt/sources.list

O, si preferís la interfaz gráfica, con Synaptic. La cuestión estriba en sustituir dicho repositorio “cdrom” por uno en línea, que en mi caso es el francés (suele ir mejor que el español, o al menos, así era en mis tiempos “debianitas”). Como podéis observar, he habilitado los paquetes “contrib” (software totalmente libre que depende de otro que no lo es) y “non-free” (software que no se ajusta a lo estipulado por Debian como libre).

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Cambiando el repo “offline” por uno “online”

Una vez aceptado este cambio, toca recargar la caché de los repositorios. Dicha acción dará como resultado la aparición de un buen número de actualizaciones, en su mayoría destinadas a solucionar problemas de seguridad.

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Cada vez que se cambia la configuración de los repositorios, se hace necesario recargar la caché

Mejorar las fuentes en Debian

Sé que soy repetitivo, pero el aspecto de las tipografías es algo primordial para mí en una distribución GNU/Linux. A excepción de Ubuntu y Chakra, que ya vienen preparadas con los parches de Canonical para mejorar las fuentes, el resto de sistemas necesitan el toque de excelencia que provee Infinality o, al menos, algún cambio en los archivos de configuración. Para la primera opción recomiendo este hilo de los foros de Debian donde se incluye un enlace a los paquetes binarios. Para la segunda, lo explicó en su día Elav en Desde Linux y (cómo no) hizo lo propio Yoyo en su antiguo blog.

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Mi cruzada contra las fuentes horrendas prosigue sin novedad

¿Algún problema? Siempre surge alguno…

… y no, Debian Jessie no es la excepción que confirma la regla. Peeeero… a estas alturas ya debemos estar acostumbrados a no culpar a quien no se debe. Todo lo esencial va bien, es más, va deliciosamente bien. Fluidez absoluta, rapidez en el inicio y en el apagado, ningún cuelgue ni tan siquiera errores de aplicaciones que en otras distribuciones ocurrían (“Ubuntu ha experimentado un error interno”, ¿os suena?). Os detallo los pequeños inconvenientes y los supuestos culpables:

  • Incompatibilidad de extensiones de Gnome 3. Culpa de los desarrolladores de Gnome y su extraña manía de romper APIs, haciendo inútiles las extensiones de una versión a otra. Esto provoca que no pueda disponer de algunas de ellas, si bien ninguna es imprescindible para mi uso eficaz del ordenador. Entre las que sí tengo activadas y en funcionamiento están Appindicator support, Media player indicator, Openweather (algo impreciso todavía, por desgracia), Topicons y User themes. En el extremo opuesto, Weather de Neroth o Backslide se niegan a instalarse.
  • Fondo de pantalla cambiante. Casi todos los escritorios lo implementan ya. Gnome también, pero solamente tiene en cuenta los fondos de pantalla del sistema. Ello hace necesaria la utilización de una aplicación de terceros, como Variety. No habría mayor problema si funcionase bien, pero no lo hace. Ni el icono se muestra en la bandeja del sistema al iniciar ni se producen cambios en el fondo de pantalla. De esto tampoco se puede culpar a Debian, habiendo obtenido el programa de la web del propio autor, donde asegura que sí funciona con Gnome. (EDITADO EL 15 DE SEPTIEMBRE: tras seleccionar una única fuente de imágenes y deseleccionar la carpeta de fondos del sistema Variety funciona correctamente).
  • Ausencia de alternativa a KDEconnect. Sé que existe la posibilidad de instalarlo (en Ubuntu lo hice, con ayuda del indicador creado por El Atareao), pero su falta de modularidad arrastra excesivas dependencias de KDE, hecho que me hace descartar la idea. Si alguien conoce algo parecido para Gnome, por favor, que no se lo guarde para sí: este es el momento de decirlo.
  • Error al iniciar Spotify. Otro programa obtenido fuera de los repositorios oficiales que no inicia, debido a la falta de una versión anterior de una librería (el infierno de las dependencias, una vez más). En concreto, libgcrypt11, que estaba disponible en Wheezy pero ha sido actualizada en Jessie. Solución: se descarga desde la web de paquetes de Debian, rama “old stable”, y se instala sin más, pues ambas versiones pueden convivir perfectamente. Y hablando de Spotify, me temo que voy a tener que ir buscando una alternativa más cuidadosa con la privacidad y que no pretenda hacer aún más negocio con los usuarios del que ya hace. Me refiero a este artículo de Geeky Theory que he leído hoy.

Es todo. Como veréis, peccata minuta y en ningún caso achacable a los desarrolladores del equipo de Debian. Todo lo demás, funciona a la perfección, incluyendo la instalación de mi impresora HP que últimamente falla en las versiones más modernas, como Ubuntu Vivid o Linux Mint Rafaela. Supongo que es una de las ventajas de usar la rama estable de Debian.

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El camino del “distro hopper” es largo… ¿tendrá fin?

Por no ser repetitivo o por no fiarme ni de mí mismo y mis cambiantes devaneos, no me he atrevido a iniciar una nueva serie al estilo “verano del camaleón”. Como comentaba en el artículo anterior, estoy más que contento con openSUSE 13.2 y la perspectiva de pasarme a Plasma 5 con el fin de su soporte no me atrae en absoluto. Una de las opciones que he barajado estos días es la de instalar openSUSE 42.1 (quedan 50 días, por cierto) con Gnome 3. Acordarse de dicho entorno e iniciar mi fallido experimento fueron prácticamente de la mano.

Tampoco negaré que no estoy en mi mejor momento como “linuxero”, de nuevo atrapado por la sensación de que nada se adapta perfectamente a mí y viceversa. En cualquier caso, le voy a dedicar unos días a Debian Jessie, dado su impecable y rápido funcionamiento, tiempo que quiero aprovechar para conocer mejor a Gnome 3 en esta enésima oportunidad que nos damos mutuamente. En cuanto a Debian, siempre he tenido la idea, equivocada o no, de que es la distribución en la que más intensamente me veo reflejado en unos ideales y una forma de entender todo este mundillo. Y no puedo ocultar que eso me gusta mucho.

Salud


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