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Menuda racha llevamos con los análisis del blog, con lo feliz que a un servidor le hace revisar una distribución GNU/Linux casi perfecta, que poder recomendar a diestro y siniestro. Como, por ejemplo, oh tremenda ironía, un par de versiones anteriores a esta Linux Mint Rebecca. Recuerdo lo bien que iba Petra, sin errores, con un rendimiento digno de reconocimiento, aunque algo escasa de soporte… Pues no hay manera, señor@s, y lo reconozco con pesar: las dichosas regresiones en GNU/Linux me tienen frito. Nuevas funcionalidades, algunas muy vistosas desde el punto de vista estético, otras que añaden facilidad para el usuario, que llaman poderosamente la atención en las nuevas versiones lanzadas de ciertas distribuciones. Todo ello, lamentablemente, se queda en agua de borrajas cuando nos encontramos, como es el caso que hoy nos ocupa, con un grave fallo que echa a perder toda la experiencia.

Y es que Cinnamon siempre me pareció una gran idea, al principio con sus problemas lógicos, pero que poco a poco se fue transformando en un escritorio de una utilidad estimable, en especial para aquellos que no conseguían adaptarse a los nuevos paradigmas de trabajo que introdujeron Gnome 3 y Unity. Distintas versiones de Linux Mint me hicieron reconciliarme con el entorno de escritorio, muy fallón y lento en mi equipo en sus comienzos, para concluir con la puntuación perfecta para Petra, que en su día todos celebramos. Veamos por qué motivo hoy no estamos de fiesta.

Instalación
Aquí hay poco que comentar, en tanto en cuanto Mint continúa con la apariencia y la funcionalidad de siempre. O, para ser más exactos, la línea de “artwork” iniciada en Linux Mint 10 Julia, que vaya si ha llovido desde entonces. El mismo fondo de pantalla, el mismo tema de escritorio (con alguna variación menor), el viejo y amigable Mint que todos conocemos, para concretar. En las fuentes tipográficas sí se aprecia alguna diferencia, con el uso de Noto, y un gran renderizado a la par. Bastante por encima de la mayoría de distribuciones que conozco, en este sentido. El grub sigue sin estar tematizado, algo que no debiera ser demasiado trabajoso y aportaría un plus de calidad al ya de por sí bien cuidado aspecto general.

Algo que sí se ha hecho con la pantalla de “login”, que nos muestra una sucesión de bellos fondos de pantalla paisajísticos muy de agradecer. Un detalle de los desarrolladores para con el usuario, como también lo supone el hecho de que se recuerde la contraseña de la red wifi introducida en la sesión “live”, de manera que tras el primer reinicio al nuevo sistema no es necesario volverla a introducir. Son las pequeñas cosas que hacen de Mint una distro puntera en cuanto a facilidad de uso y apariencia.

El clásico escudo de la bandeja del sistema nos muestra, como de costumbre, las actualizaciones disponibles ordenadas por niveles de seguridad. Algo que también es único en esta distro, donde se gradúan del 1 al 5 dependiendo de cuan peligrosas puedan resultar para la estabilidad de nuestro sistema. Como ya ocurría en la última versión, que no llegamos a analizar en este blog, podemos ver todos los niveles, aunque el 4 y 5 (dbus sería un ejemplo del primer caso, y el kernel del segundo) aparecen deshabilitados por defecto.

Tras la actualización de rigor y el consiguiente reinicio, no hay problemas ni errores que lamentar. Eso sí, merece la pena perder algo de tiempo entrando al módulo de “Idiomas” de la configuración general del sistema y eliminando la gran mayoría de los 43 (sí, leéis bien, cuarenta y tres) instalados. Con el inglés de los “states” y el castellano, a mí me vale. De igual manera recomiendo entrar en “Orígenes del software”, donde podemos elegir el mejor espejo como repositorio principal con una facilidad pasmosa, al ordenarse todos los disponibles según el tiempo de respuesta (un ping, supongo).

Arranque y apagado
Si queremos modificar el grub de un modo gráfico tendremos que instalar un programa adicional, como es el caso del Grub-customizer, mediante PPA. Los tiempos de inicio y apagado del sistema son más que correctos: 41 segundos para entrar y 6 para salir.

Software
MintInstall se encarga de facilitarnos la instalación de programas, siendo una utilidad que, en general, se maneja con más fluidez y es más simple que su equivalente para Ubuntu, distribución en la que Linux Mint se basa desde sus comienzos. De serie contamos con Firefox como navegador, VLC y Vídeos para multimedia, Banshee para música, Gimp para retoques gráficos y Libreoffice como “suite” ofimática.

Reconocimiento de hardware
Más o menos lo habitual para mi equipo: un ratillo para configurar la impresora y todo perfecto para la webcam, el escáner y la tarjeta de red inalámbrica. La instalación de los controladores propietarios de AMD se puede hacer sin temores gracias a la inclusión de un módulo “Administrador de controladores” que nos facilita, una vez más como es norma, el trabajo.

La impresora, desde el punto de vista del usuario novel, puede suponer algún problema si se opta por instalarla desde el módulo incluido en el menú de Mint. Dicho módulo instala el controlador libre foo2zjs, que antaño iba bien, pero que en la actualidad no provoca el resultado deseado, esto es, que la impresora funcione. Por ello recomiendo usar directamente la utilidad “hp-setup”, incluida en el paquete “hplip-gui”, fácilmente instalable desde el centro de software.

Conectividad
En distintos comentarios de otras revisiones pasadas he observado a algún que otro lector extrañado de mis problemas con Samba. Yo insisto en mi postura: solía ir bien con casi todas las distribuciones y ahora no funciona en ninguna. Que sí, que puedo perder el tiempo en configuraciones y demás… pero no me apetece volver a eso. No entiendo el porqué de esta regresión y además, al llover sobre mojado, incluso me llega a molestar. Absténganse los talibanes del “colabora y lo arreglas tú”, pues no soy programador. En resumen: seguimos igual, “no Samba, no party”.

Los dispositivos externos se conectan y son reconocidos. Los tiempos de lectura y escritura son buenos, similares a los de Ubuntu salvo en “pendrive”, bastante más lento. Si el dispositivo introducido contiene archivos multimedia, se lanza un importador, lo que supone otro paso más en pos de la facilidad de uso. Detalle a detalle se crea una gran impresión general que, por desgracia, acaba de un plumazo como veremos pronto.

Experiencia de uso
Linux Mint es casi inigualable en este aspecto. Incluye de serie todos los “codecs” y utilidades necesarias para cualquier tarea que precise un usuario medio. A tal punto llega que hasta se pueden reproducir archivos de vídeo digital puro (.dv), con el programa Vídeos, algo que no he logrado en ninguna otra distribución. Simplemente, perfecto.

Estabilidad
Cuando ideé el sistema de puntuaciones que sostiene el blog tenía dos cosas en mente: premiar la facilidad de uso para noveles en GNU/Linux y la estabilidad por encima de todo. Por este motivo, cualquier error de dicha índole es fuertemente castigado en la nota final. Y esto, como os temíais, es lo que ocurre aquí.

El fallo en cuestión no es de gravedad extrema, pues el sistema no se congela. Pero, de cuando en cuando y de un modo totalmente aleatorio, me encuentro con que Cinnamon no inicia ninguna ventana de modo tradicional. Esto es, ni mediante iconos de la barra de tareas ni usando el menú. Digamos que quiero abrir Firefox, pulso el icono, aparece el cursor de espera y… eso es todo. Tal como aparece, desaparece. Lo mismo con la terminal, con Nemo, con cualquier cosa.

Para añadir misterio al tema (o no, depende de los conocimientos de cada cual), si ejecuto un atajo de teclado, sí que se abre. Lo comprobé con la terminal, a la que pude acceder con CTRL + ALT + T, pudiendo observar un montón de líneas de “permiso denegado”, como muestra la imagen.

Esto, como digo, ocurre sin más. No parece obedecer a algo concreto, solamente sucede y el único modo de devolver el sistema a la normalidad es reiniciando el equipo, pues el “Reiniciar Cinnamon” de la barra de tareas no lo arregla. Y si trato de reiniciar sesión, una inquietante ventana con el mensaje “Su sesión ha durado menos de 10 segundos” me devuelve una y otra vez a lo mismo. Frustrante como poco, se puede decir que este fallo arruina lo que hasta entonces era una gran experiencia de uso. Una lástima.

Fluidez
Exceptuando lo visto en el párrafo anterior, todo lo demás va muy bien, y ello incluye un sistema que responde con rapidez y fluidez al uso.

Gestión de la energía
Más de lo mismo, en ración doble: ni suspensión ni hibernación. Como siempre, Catalyst en el punto de mira. ¿Por qué, AMD, por qué este castigo? Qué cruz…

Rendimiento del sistema
Teniendo en cuenta que la base de Linux Mint es Ubuntu, uno esperaría resultados parejos entre ambas distribuciones. Y así es, en la mayoría de apartados, destacando Mint en lo negativo con el test de codificación de audio (casi 5 segundos más que Ubuntu, resultado comprobado), así como el ya mencionado desfase de copia en el “pendrive”. Igualmente, Mint también rinde peor en el “benchmark” gráfico Unigine Valley, con 20 puntos menos de valoración.

Las regresiones, una a una
Llegado este punto se me ocurre que sería buena idea comparar la “perfección” de Linux Mint Petra en mi equipo con las molestas regresiones encontradas en Rebecca. Veamos, pues:

– Arranque y apagado más lentos que en Petra. Esto es anecdótico, al ser una diferencia muy pequeña y carente de importancia.

– La impresora no funciona con foo2zjs, el controlador libre. En Petra opté por instalar directamente el privativo, de modo que no se puede probar la regresión, pero es cierto que en versiones anteriores sí que he podido constatar que funcionaba.

– Samba ya no conecta “de serie”. En Petra sí lo hacía.

– Estabilidad del escritorio. El Cinnamon de Petra no me planteó problemas. En Rebecca, ya hemos comentado el desaguisado.

– Gestión de energía. En Petra podía suspender e hibernar el equipo. Nada de esto es posible en Rebecca.

Recapitulando que es gerundio. ¿Cuándo podremos librarnos en GNU/Linux de estas molestas y continuas regresiones? La insistente sensación de que estamos usando una “beta”, ¿se acabará algún día? ¿Por qué existe esa necesidad, casi patológica, en desarrolladores y usuarios de seguir sacando versiones nuevas sin parar cuando todavía no se han perfeccionado las antiguas? ¿Merece la pena introducir funcionalidades nuevas cuando se arruina la experiencia de uso estable de anteriores sistemas?

Son muchas preguntas de golpe, lo reconozco. Y la respuesta a muchas de ellas no es simple en absoluto. Como nos conocemos (algunos, que nadie se me vaya a enfadar), este artículo no pretende arrojar improperios contra GNU/Linux, solo es una revisión más. El problema es que esperaba encontrar continuidad a la maravilla que supuso Linux Mint 16 Petra, cuyo soporte ya expiró, por cierto. Y en su lugar, me encuentro con que tengo que reiniciar el sistema cada dos por tres, no puedo poner el equipo en modo suspensión, no puedo usar el controlador libre de la impresora, tengo que hacer labor detectivesca para conectarme a mi portátil sobre por qué Samba no quiere funcionar…

Tenemos, por lo tanto, un sistema con una excepcional facilidad de uso de cara al usuario con pocos conocimientos, con herramientas que mejoran las incluidas en otras distribuciones, y un cuidado aspecto. Todo ello se va por el desagüe por culpa de errores groseros que no estaban presentes, en su mayoría, en anteriores versiones. ¿Qué necesidad hay de esto?

La respuesta, como os decía, quizás no sea sencilla. O tal vez sí: seguir con lo que conocemos y sabemos que va bien, por antiguo que pueda parecernos. Linux Mint 13 Maya, por ejemplo, todavía tiene soporte a día de hoy. Y no ha pasado tanto tiempo desde que vio la luz, en realidad. Sostiene Clem Lefebvre, a la sazón “alma máter” de esta distribución, que si algo funciona, ¿para qué cambiarlo? Creo que ha de tener razón, visto lo visto, pues con cada revisión que acometo las cosas parecen torcerse en uno o en otro sentido. En lo estrictamente referido a Linux Mint, puesto que Petra no tiene ya soporte, os recomiendo encarecidamente que os quedéis con Qiana. Por desgracia no puedo atestiguar que vaya tan bien como su predecesora, pues no la probé en su momento, pero cada uno es conocedor de su equipo y bien podrá sacar conclusiones.

El resto de la cuestión, con sus inquietantes preguntas, tal vez sea motivo para un debate sosegado. Os invito a ello.

Salud

 

Linux Mint Rebecca LSDH
Instalación 10
Arranque y apagado 7,50
Software 10
Hardware 8,13
Conectividad 5
Out of the box 10
Estabilidad 5
Fluidez 10
Gestión de energía 3,33
Pybench 3.039
Apache 23.380,51
Encode-flac 13,21
Unpack-linux 17,98
Unigine Valley 454
Browsermark FF 2.832
Browsermark GC 3.966
Transf. pendrive 4,18
Transf. disco USB 1,08
Transf. SD-card 4,57
Corrección por rendimiento -0,55
Corrección por errores 0,00
CALIFICACIÓN 6,85

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