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¿Hueles eso, muchacho? Nada en el mundo huele así“. Y no es el olor del Napalm por las mañanas lo que emana un aroma a victoria, como en la película… es la esencia del triunfo de una versión nueva de Linux Mint que llega a nuestros ordenadores, con un giro de 180 grados en cuanto a experiencia de uso en mi equipo. Lo comentaba en el artículo dedicado a la versión anterior, cómo me disgusta tener que escribir en negativo de una distribución GNU/Linux que tanto trabajo tiene detrás… Pues bien, hete aquí que con Rafaela nos vamos al extremo opuesto: con gran placer redacto estas líneas sobre una edición que roza el sobresaliente.

Y esto es así gracias a las correcciones que el equipo liderado por Clem Lefebvre han ido liberando desde el lanzamiento de Rebeca. También tuvo su artículo al respecto, cuando volví a instalarla en un momento de necesidad de un sistema operativo que lo fuese (operativo, quiero decir) y listo para funcionar en menos que canta un gallo. Es la principal virtud de Linux Mint, a día de hoy, el proporcionar un sistema que funciona sin más, con una mínima (casi nula, diría yo) intervención del usuario. Tan fácil de decir como difícil de hacer. Pero estos señores lo han vuelto a conseguir, para regocijo de aquellos a los que nos encanta deleitarnos con buenos sistemas de código abierto y además, gratuitos. Una vez más, me decanto por la versión con Cinnamon y os desgrano mis impresiones.

La importancia de una buena presentación

Dejando de nuevo a un lado el trillado tema del “artwork” que permanece inmutable durante años (parece que esto va a cambiar próximamente), el aspecto profesional que evoca Linux Mint es un hecho para quien suscribe. Sirva como ejemplo una cuestión de difícil repetición en otra distribución que no sea Ubuntu: la traducción completa (y completa significa en su totalidad) del sistema, comenzando por el módulo de instalación. Para ser exactos, falta traducir el botón “Skip”, como “Saltar”. Y eso es todo. En la gran mayoría de distribuciones siempre se cuela alguna frase, en ocasiones párrafos enteros, que no están traducidos. Ello denota dejadez, aunque no sea el caso. No pondré ejemplos, pero todos sabemos que ocurre demasiado a menudo. Linux Mint, desde su instalación, pasando por su pase de diapositivas y acabando con el escritorio ya listo para trabajar, abraza el castellano por completo.

Y el buen gusto continúa con la pantalla de inicio de sesión, una de mis favoritas en GNU/Linux. Fondos de pantalla cambiantes, bastante bonitos en su conjunto, sin que por ello se pierda presteza en el acceso al escritorio. También es un buen detalle (creo que heredado de Ubuntu) el que se recuerde la red wifi y la contraseña de acceso introducidas en la sesión en vivo, antes de la instalación. Son pequeños pormenores que hacen las cosas más fáciles. Es una cuestión que, a quien es un recién llegado de Windows, le es de vital importancia, sin duda.

Linux Mint Rafaela es “usar y listo”

Ese concepto a veces tan esquivo, el “out-of-the-box” anglosajón, encuentra en Linux Mint su definición perfecta. Cero problemas en hacer funcionar las cosas, ninguna complicación a la hora de reproducir algún formato, nada, “niente”… De igual modo se puede conectar con un equipo que corra Windows, pues Samba viene preparado para su uso, permitiendo incluso el hacer “streaming” desde dicho equipo. Todo perfecto.

Diferencias con Ubuntu. ¿Mejor o peor?

Diría que ni lo uno ni lo otro: diferente. Alguien podría plantearse si merece la pena acudir a una derivada de una derivada de la gran Debian… ¿por qué rizar el rizo? En este punto vuelvo a recordar que mis artículos y revisiones se dirigen principalmente a los usuarios que acaban de aterrizar en GNU/Linux. Desde el punto de vista de uno de estos afortunados (aún tanto por descubrir…) creo que Linux Mint puede suponer un “plus” de usabilidad sobre la ya de por sí sencilla Ubuntu. Empezando por el paradigma de escritorio, mucho más parecido al de Windows que Unity, esto es innegable. Y siguiendo por las herramientas que incorpora, destinadas (volvemos a lo mismo) a facilitar la vida al usuario. Entre mis favoritas:

– MintAssistant. El centro de bienvenida, como ocurría con el de Mageia u openSUSE, es una maravilla donde podemos encontrar respuestas a nuestras dudas y las vías adecuadas para dirigirse a la búsqueda de soluciones o, directamente, a integrarse en la comunidad.

– MintUpdate. La actualización cuidadosa es otra de las virtudes de Linux Mint, algo fácilmente comprobable con solo echar un vistazo a su herramienta dedicada. Ofrece varias posibilidades, desde instalar solamente las actualizaciones de seguridad hasta actualizar el kernel, todo ello mediante la jerarquización de los niveles. Esto permite que, según el grado de conocimientos de cada usuario, se pueda escoger qué y cómo actualizar.


– MintInstall. De diseño ligero pero muy potente, el centro de aplicaciones de Linux Mint funciona más rápido (bastante más) que el que trae Ubuntu por defecto. Con más de 72.400 paquetes no creo que a casi nadie le falte software. Y si se da el caso, Linux Mint es perfectamente compatible con la adición de PPA (Personal Package Archives, Archivos de Paquete Personales), algo así como los repositorios comunitarios de Ubuntu y derivados.


– MintConfig. El módulo de configuración del sistema no llega a la cantidad de opciones disponibles en el fantástico Yast de openSUSE, pero no le queda demasiado a la zaga. En particular destacaría la utilidad de instalación de controladores propietarios, la cual se sigue manteniendo bien a la vista, al contrario que en las últimas versiones de Ubuntu.

Instalar los controladores propietarios de AMD resulta muy sencillo en Linux Mint

Hablemos de rendimiento

Por alguna razón que todavía se me escapa, no he conseguido encontrar en el ecosistema GNU/Linux una distribución que rinda mejor en mi equipo de lo que lo hace Ubuntu. Lo de “en mi equipo” está subrayado con toda la intención. Pasan y pasan las distros, mas ninguna derrota a Ubuntu en todos y cada uno de los apartados de los que constan las pruebas de rendimiento. Ocurre igual que Linux Mint Rafaela, donde copiar un archivo a “pendrive” o tarjeta de memoria se demora más que en Ubuntu Trusty. Y en cuanto al desempeño de los controladores gráficos propietarios para la Radeon integrada en mi APU A8, la misma historia. Aunque active la ya conocida opción de desactivar los efectos de escritorio en pantalla completa, Linux Mint Rafaela no llega a los “fps” de Ubuntu.

No olvides activar esta opción si usas Linux Mint para jugar

A mí no me paga Canonical (ojalá), y vuelvo a reiterar que escribo desde la experiencia propia en mi ordenador, pero lo que comento es un hecho irrefutable. Algo harán bien los desarrolladores a sueldo del señor Shuttleworth para que así sea y así se mantenga durante tanto tiempo. Nada de lo anterior debe interpretarse como un menosprecio al rendimiento que obtengo con Linux Mint Rafaela, el cual es, en general, bastante superior al logrado con Rebecca.

Los puntos negativos

No todo fue de color de rosa, obviamente. Pero las pequeñas dificultades encontradas, salvables con el conocimiento que da ser ya perro viejo en la instalación de distribuciones GNU/Linux, tienen siempre que ver con terceras compañías, más que con deméritos de los desarrolladores de Linux Mint. Hablando claro, son los problemas de siempre, inherentes al uso de mi hardware de siempre:

El controlador privativo de la impresora. Mi HP Laserjet 1018 resulta más o menos difícil de poner en funcionamiento dependiendo de la distribución. Hace un par de días (tutorial en ciernes) la instalé exitosamente a la primera en openSUSE. En Linux Mint Rafaela, para empezar, la mera conexión de la impresora la daba por instalada con el controlador libre (foo2-zjs), que hace ya algún tiempo que no me funciona, si bien en su día lo hacía (regresiones, como odio esa palabra).

Linux Mint instala el controlador libre, pero éste no funciona

Para continuar, al intentar el método de instalación habitual a través de las utilidades propietarias, por alguna extraña razón se detectaba el “plugin” como corrupto, sin importar las muchas veces que lo descargara la aplicación de HP.

No hubo forma de instalar el “plugin” de modo automático

¿Cómo lo solucioné? Logré arrastrar desde Nemo, en el pequeño intervalo previo a la comprobación del “checksum” y la consecuente eliminación por parte del programa, el archivo del plugin a otro directorio. Desde ahí, lo indiqué como ruta de instalación a la utilidad de HP y… “voilá”. Lo que digo, perro viejo…

¡Éxito! El “plugin” de HP instalado y listo para funcionar en Linux Mint

La gestión de energía. Si el “enemigo” a culpar de lo anteriormente mencionado era HP y su soporte a GNU/Linux, ahora le toca a mis amigos de AMD. Lo sé, yo también estoy aburrido de hablar de lo mismo una y otra vez. Pero lo tengo que comentar para los neófitos: ni suspensión ni hibernación.

La lentitud al iniciar. Esta cuestión es relativa. Si tomamos como referencia el mundo en que vivimos, donde la inmediatez premia ante todo (apremia, más bien), se puede dictaminar que Linux Mint Rafaela, con su minuto y medio para iniciar, es lenta. Pero volvemos a la misma cuestión, parece ser algo relacionado con el kernel y mis puertos USB lo que demora en exceso la entrada al sistema. Ergo, poco tiene que ver Linux Mint con el asunto.

Qué le gusta a este tío enseñar la mano

Y punto pelota. Como veis, ninguna de las tres dificultades mencionadas se pueden achacar directamente al equipo de desarrolladores. Son problemas de compatibilidad entre GNU/Linux y mi hardware que se reproducen en casi todas las distribuciones. Desde esta perspectiva, un usuario con otra impresora, que use una gráfica Intel o Nvidia, y sin problemas con los puertos USB, puede que encuentre que Linux Mint Rafaela es, simple y llanamente, la distribución perfecta. Rápida, eficaz, con mucho software disponible, un escritorio moderno y un ajustado consumo de RAM de apenas 400 Mb al inicio.

Linux Mint Rafaela no es nada voraz con nuestra memoria RAM

Cómo actualizar de Linux Mint Rebecca a Rafaela

En lo que a actualizaciones se refiere, las últimas versiones de Linux Mint se comportan como si de una “semi-rolling release” se tratara, pues tenemos la posibilidad de cambiar a la siguiente versión del sistema fácilmente y sin sobresaltos. Según indican en este anuncio del blog oficial de Linux Mint, los usuarios de Rebecca o Qiana podrán actualizar en los próximos días, cuando se lance una nueva versión del correspondiente gestor. Para los más aventureros o impacientes, se puede encontrar algún que otro artículo por la red sobre cómo llevar a cabo el proceso.

En lo personal he quedado bastante impresionado, para bien, con la mejoría respecto a Rebecca. Si no fuera porque me hallo cobijado a la sombra, no del helicóptero, sino del camaleón Geeko, no dudaría en cambiar mi últimamente errático Ubuntu por esta versión de Linux Mint. La estrategia de perfeccionamiento de los sucesivos lanzamientos, con la base pétrea de una LTS, está deviniendo en acierto pleno. Y no sabéis como me alegro.

Si buscáis una distribución que alivie vuestro achacoso Windows, dado el caso, ya estáis tardando en descargarla y probarla. Satisfacción garantizada y soporte hasta 2019. Ahí lo lleváis.

Salud

 

 

 

LINUX MINT 17.2 RAFAELA LSDH
INSTALACIÓN 10
ARRANQUE Y APAGADO 6.25
SOFTWARE 10
HARDWARE 8.13
CONECTIVIDAD 10
OUT OF THE BOX 10
ESTABILIDAD 10
FLUIDEZ 10
GESTIÓN DE ENERGÍA 3.33
PYBENCH 2.993
APACHE 21459.15
ENCODE-FLAC 13.04
UNPACK-LINUX 18.55
UNIGINE VALLEY 465
BROWSERMARK FIREFOX 2.961
BROWSERMARK CHROME 3.784
TRANSF. PENDRIVE 5.13
TRANSF. DISCO DURO USB 0.51
TRANSF. TARJETA SD 5.14
CORRECCIÓN POR RENDIMIENTO -0.07
CORRECCIÓN POR ERRORES 0.00
CALIFICACIÓN 8.93

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