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Siempre creí que el dicho que reza “la primera impresión es la que queda” tenía mucho de cierto. Ocurre que el refranero es amplio y existen otras afirmaciones que pueden contravenir o reforzar lo anterior, como aquella de “siempre hay una excepción que confirma la regla”. Aunque no lo parezca, os vengo a hablar de mis primeras horas de uso del nuevo lanzamiento de la comunidad que desarrolla openSUSE, el rebautizado como Leap, con número de versión 42.1. Se trata de la primera versión que incorpora una base de la rama empresarial de la distribución, la conocida y venerable SUSE Linux Enterprise. En la propia web de openSUSE se la denomina distribución híbrida, que aúna lo mejor de ambos mundos para entregarnos una experiencia única dentro de GNU/Linux. Esto es sobre el papel, que luego será o no será.

Ya que mi disco duro principal se hallaba huérfano de distribución GNU/Linux – ¡sacrilegio! – pensé que era una buena oportunidad para tratar de establecerme de una vez por todas. Chakra, cuyo desarrollo sigue, como siempre, a paso lento pero seguro, ya está instalada desde hace meses en el portátil, por lo que no temo perder el contacto con la distribución y la comunidad. Así que me pareció oportuno instalar openSUSE, visto el buen resultado obtenido con mi verano del camaleón, donde apenas hube de lamentar un par de errores que he de reconocer que no me esforcé lo más mínimo en solucionar. El artículo de hoy no es la típica revisión que acostumbro a hacer en el blog, o más bien acostumbraba, porque apenas encuentro la motivación necesaria últimamente. Son solo mis primeras impresiones, aderezadas con auto-reprimendas por un comportamiento inaceptable a estas alturas de mi experiencia en GNU/Linux.

Instalando openSUSE Leap 42.1

Como muchos ya sabéis, en esta nueva etapa de openSUSE se han suprimido las imágenes de CD en vivo y la arquitectura de 32 bits. Lo segundo es algo que, tarde o temprano, tenía que suceder, pues el tiempo pasa y no se pueden destinar recursos eternamente a una arquitectura cada vez más obsoleta, por desgracia. Lo primero sí me parece una mala jugada, pues mucha gente se va a ver privada de poder probar de primera mano la experiencia “susera”, y tal vez ello les inhiba de instalarla.

No hay novedades reseñables en el instalador, como siempre fiable y completo. En mi caso, decidí dejar que me recomendase un particionado concreto y aceptar la propuesta. El directorio raíz, en BTRFS, mientras que el /home formateado en XFS. Confiemos en la experiencia de los desarrolladores.

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El esquema de particionado propuesto por openSUSE para mi disco duro

Lo que no se debe hacer: como elefante en una cacharrería

Vamos con la parte de la confesión: no me fiaba de Plasma 5, lo admito. Estuve hasta el último momento pensando qué entorno de escritorio instalar. Dudaba entre Gnome, Cinnamon y KDE. Gnome, en realidad, nunca fue una opción, porque por alguna razón no me acostumbro a él. Sé que se puede modificar al gusto de cada cual, pero nunca me he puesto en serio a ello. Cinnamon sí me gusta más, salvo que usarlo fuera de su hábitat natural (Linux Mint) me parece un riesgo por las distintas versiones de paquetes GTK que pudieran causar conflictos. Solo quedaba tragar saliva e ir a por KDE, con su Plasma 5.

Si bien la instalación fue perfecta, sin un solo pero que ponerle, nada más entrar a mi nuevo escritorio empezaron los problemas. Uno detrás de otro. Parpadeos continuos que hacían complicado el trabajo, ventanas que no renderizaban bien, inconsistencias groseras en el tema de iconos, falta del plasmoide de red, una pantalla totalmente negra al intentar cambiar de escritorio que me obligó a tirar de “tty” para reiniciar la sesión… Y alguna otra cosa que me dejo en el tintero.

¿Y qué es lo que había hecho yo hasta ese momento? Simplemente seguir mi guía de configuración de openSUSE (que era para la versión anterior), sin buscar ni una sola información, ni leer ninguna documentación. Un salto al vacío que incluía repositorios de Infinality, el de Packman y alguna actualización de seguridad que publicaron ayer por la tarde los desarrolladores de openSUSE. Me lié a instalar paquetes, a contestar preguntas sobre dependencias cruzadas a lo loco, como poseído por un espíritu que me obligaba a hacerlo todo rápido para poder tener el sistema listo en pocos minutos. Y claro, la cosa salió como salió.

Al irme anoche a dormir tenía en mente mandar openSUSE a paseo y refugiarme en la seguridad de la vieja y confiable Linux Mint. Afortunadamente, una consulta con la almohada me hizo recapacitar y llegar a la conclusión de que uno no puede actuar así… Las cosas, casi todas, hay que hacerlas bien, con tiempo y leyendo, si es posible, a quienes más saben sobre el tema. A pesar de que tenía unas directrices para la post-instalación que, amablemente, me había dejado Peter Checo aquí en mi propio blog, no seguí ninguna, con lo que me dí de bruces con un sistema donde no se podían ni reproducir los archivos MP3 y con problemas gráficos constantes que lo hacían inutilizable.

Arreglando el desaguisado

De modo que, ya más tranquilo, esta mañana me puse manos a la obra para tratar de desenmarañar el desastre que yo mismo, con mi actitud, había creado. Sorprendentemente no hizo falta hacer casi nada… al iniciar al escritorio los “glitches” y parpadeos habían desaparecido y todo iba suave como la seda. Para solucionar los problemas de “codecs”, solamente hube de instalar la paquetería recomendada por Peter Checo y cambiar todos los paquetes del sistema relacionados con el asunto a las versiones incluidas en el repositorio Packman. Aquí estoy, escribiendo desde openSUSE Leap 42.1 con absoluta normalidad. Desconozco el motivo por el cual desaparecieron los artefactos gráficos y el extraño comportamiento, similar al que observara en Kubuntu hace unos días. La cuestión es que hubo final feliz.

Ahora sí: mis primeras impresiones

Tal y como muchos afirmaban, Plasma 5 no es tan distinto de KDE 4. Estéticamente parece más refinado, más minimalista y con atención puesta a los detalles. Ciertamente, al menos en la versión empaquetada por openSUSE, se nota una mezcla extraña de iconos antiguos (Oxygen) y nuevos (Brisa) que no queda del todo bien. Fijaos en la imagen que acompaña a estas líneas y veréis a lo que me refiero. El fondo de pantalla por defecto me parece una maravilla que me trae recuerdos de Linux Mint Isadora (mi versión preferida de la distro de Clem y compañía), donde el negro y el verde predominaban con gran acierto.

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Una extraña mezcla de iconos que no queda bien

Más allá del tema estético, apenas noto cambios entre este openSUSE y la versión anterior. Sí que es cierto que la impronta en RAM es mucho menor, sin llegar a los 500 Mb de inicio, y aprecio el arranque y el apagado más rápidos. Por lo demás, las facilidades habituales que brinda la distribución para todo tipo de tareas, Yast mediante, además de los socorridos paquetes “1-click-install”, disponibles en la web de software.

Hablando de programas, openSUSE Leap 42.1 viene bien cargado de aplicaciones para ponerse a trabajar de inmediato (siempre que uno no la líe, como hice yo ayer): Firefox 41.0.2, Libreoffice 5, más toda la suite habitual de KDE (Amarok, K3B, Okular, Gwenview, Dolphin…), la mayoría en su versión 15.08. Entre los añadidos que ya he instalado sin incidencias, se encuentran Telegram, KDEconnect, Clementine, Transmission y Shotwell. Con Spotify no ha habido suerte, me arroja un error de librerías que tengo que seguir investigando. En cuanto al kernel, incluye el 4.1.12, sin la coletilla “desktop” que solía aparecer en el antiguo openSUSE.

Tan solo llevo unas horas de uso, mas de momento tiene muy buena pinta esta openSUSE “híbrida” entre SUSE y la comunidad. Tengo que hacer más probaturas, en especial en lo referente al tema gráfico, pero… resulta que mientras escribo estas líneas, el cartero me ha traído el generoso regalo de Yoyo Fernández, una NVIDIA Geforce GT 610, cuya instalación y uso me brindan material para un próximo artículo. Obviamente no tenía sentido probar los controladores Catalyst cuando estoy a punto de deshacerme, por fin, de lo que para mí ha sido una lacra en GNU/Linux. No puedo esperar.

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Presumiendo de escritorio, me encantan los tonos verdes y negros

Os recomiendo que probéis esta nueva versión de la distro del camaleón. Desde el DVD de instalación se puede optar por Gnome, KDE, XFCE y LXDE, aunque el resto de escritorios están a golpe de un par de clics de ratón. Eso sí, no os dediquéis a instalar a lo loco, sobre todo si no estáis familiarizados con la forma de proceder clásica de openSUSE, que difiere bastante de otras distribuciones. Esto no es Debian ni Arch, ni ninguna de sus derivadas, por lo que es bueno documentarse y seguir las indicaciones clásicas de “cosas que hacer después de…” específicas para esta versión de openSUSE.

Y, por supuesto, tratad de adoptar una actitud correcta, con el respeto que la distribución merece. Nada de ponerse a teclear, a tontas y a locas, sin saber muy bien qué se hace. Muchas veces me pregunto, cuando mi hijo se desespera ante una tarea en la que apenas acaba de iniciarse y piensa que debe dominarla de inmediato, sin esfuerzo alguno: “¿a quién saldrá este niño?” Acabo igual que empecé, con el sabio refranero que espeta: “dichosa es la rama que al tronco – ó al árbol – sale”.

Salud y – va por usted, Víctor – “have a lot of fun!!!”


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