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Cuando uno se plantea revisar una versión de Ubuntu recién salida del horno es lógico y normal tener ciertas reticencias. La experiencia es un grado, y muchos sabemos de sobra que es mejor quedarse en las LTS (soporte extendido) de la distribución de Canonical si no se desean tener problemas de diversa índole. Es por este motivo que cuando mi inquieto “distro hopper” interior me avisó de que se avivaba el deseo de probar el sabor “gnomero” de Ubuntu, de inmediato tomé la decisión de limitarme a revisar la susodicha versión, esto es, Trusty Tahr. No es ningún secreto, ni tiene por qué serlo: mantengo una partición con Ubuntu Trusty (original, con su Unity correspondiente), por dos razones fundamentales: la primera es que me gusta Ubuntu y su escritorio por defecto. La segunda es que Chakra, para mi desgracia, no me provee de todo lo que necesito, pues es un hecho, triste, pero hecho al fin y al cabo, que CCR no atraviesa su mejor momento. Y faltan cosas, esto es así.

El problema surge cuando una distribución que no es precisamente comunitaria, sino que tiene a una empresa detrás, ofrece una versión de largo soporte, la cual se supone estable y segura, mas dicho sistema comienza a fallar. Esto, mucho me temo, es lo que ha ocurrido con la liberación de esta tercera versión de Ubuntu Trusty, al menos en lo que a los usuarios de tarjetas gráficas o GPUs de la marca AMD nos compete. Un lamentable error, del que se puede encontrar más información aquí, que provoca comportamientos erráticos en el servidor gráfico cuando se usa el controlador propietario, algo que solo es posible forzando su instalación para puentear un fallo en la resolución de dependencias. En mi Ubuntu con Unity los problemas han sido otros, no sé si relacionados o no con el error que comento, pero no vienen al caso. Me centro en la versión revisada hoy aquí, a la cual el asunto le salpica de lleno.

Instalación
No difiere casi nada de la versión “oficial”. Si acaso en la paleta de colores, donde predominan el azul y el negro, sobre los clásicos tonos morados, naranjas y marrones. Es una instalación sencilla, que lleva unos diez minutos y transcurre sin incidencias. El escritorio que se nos presenta tras reiniciar es un Gnome 3, en su versión 3.10.4, bastante “vanilla” y con un fondo de pantalla por defecto que no llama demasiado la atención en positivo. Poco más que comentar.


Arranque y apagado
Los tiempos no eran especialmente buenos con los controladores libres, pero tras la instalación de los propietarios se tornan mucho peores. Los 15 segundos de apagado no están mal, pero algo falla cuando el sistema se toma 1 minuto y 45 segundos para iniciar.

Software
Se apuesta por los programas habituales en un entorno con Gnome. Firefox, Rhythmbox, Evolution, Shotwell, Cheese… El Centro de Software de Ubuntu es el encargado de la gestión de las aplicaciones, y nos avisa cuando existen actualizaciones disponibles.

Reconocimiento de hardware
Sigue siendo uno de los puntos fuertes de Ubuntu, sea cual sea su versión. Para echar a andar la impresora solamente hube de instalar la suite de HP creada a tal efecto (hplip, con su utilidad gráfica correspondiente). Para el resto de periféricos, enchufar y listo.

Conectividad
Desde que desterré a Orange y su router Livebox de mi vida, Samba está feliz y yo también. En el caso de Ubuntu Gnome me puedo conectar tranquilamente a mi portátil con Windows, e incluso reproducir contenidos del mismo en mi equipo de sobremesa. Ni que decir tiene que la compañía francesa Orange, junto a AMD, ocupa un bonito lugar en mi lista de empresas a odiar. Lista que crece día a día, por supuesto…


Experiencia de uso
Suena repetitivo, pero es cierto. Ubuntu Gnome ofrece, como no podía ser de otra manera, la misma experiencia de uso “out-of-the-box” que nos entrega su versión con Unity. Como siempre me encargo de recalcar, esto ocurre si tenemos la precaución de señalar la casilla correspondiente a la instalación de los “códecs” cuando estamos instalando Ubuntu.

Estabilidad
Mal. Fatal. Desastre absoluto. Durante mi uso del sistema obtuve fallos en aplicaciones (como el Centro de Software que se negaba a cerrarse tras instalar un programa) o cuelgues del equipo que me obligaron a salir del entorno gráfico para reiniciar (como al hacer “clic” sobre el icono de notificaciones ante la llegada de un mensaje de correo). Esto no es lo esperable en una versión LTS, obviamente, por mucho que la culpa se suponga que recae en los controladores propietarios de AMD.

Fluidez
La experiencia es buena en cuanto a fluidez y ligereza, salvo la primera vez que se pulsa en Aplicaciones o se desplaza el ratón a la esquina superior izquierda, cuando en mi equipo se produce un retardo de unos 2 segundos. Por lo demás, no hay queja.

Gestión de la energía
Lo de siempre con mi GPU: no puedo suspender, no puedo hibernar. Nada más que añadir.

Rendimiento
En general, con la excepción de los bancos de pruebas de navegadores y la transferencia a disco duro externo, este Ubuntu Gnome es peor que su homónimo con Unity. Las diferencias no son exageradas, pero existen.

He pasado casi de puntillas por esta revisión. Vayan por delante mis disculpas, si alguno esperaba más profundidad en el análisis. Pero la verdad es que encontrar errores de bulto en una LTS de Ubuntu me desanima bastante, qué le vamos a hacer. Mi idea era revisar un sabor relativamente nuevo de la distro por antonomasia y comprobar si resultaba una opción digna de tener en cuenta para los amantes del escritorio de la huella.

Porque soy de la opinión de que Gnome está renaciendo. Ojo, no quiero decir que estuviese muerto, solamente que mucha gente salió espantada de las primeras implementaciones de la versión 3 (también pasó con KDE 4) y ahora vuelve mansamente al redil. Lo que antes se criticó de Gnome comienza a verse con buenos ojos al cabo del tiempo: ideas claras, conceptos diferenciadores, escritorio diáfano. Un poco en contraposición a lo que está ocurriendo con KDE: escritorio clásico, pocas novedades, sensación de improvisación. Al hilo de esto último me permito recomendaros, si no lo habéis leído ya, un artículo de Malcer sobre la dirección que está tomando el proyecto KDE. Como siempre, sin pelos en la lengua y llamando a la reflexión.

Pero volviendo al tema, que me pierdo, no me parece que Ubuntu Gnome sea un refugio adecuado para los entusiastas de dicho escritorio. Contar con la versión 3.10, lo que supone ir 3 versiones por detrás de la última disponible, no tiene mucho sentido si no va acompañado de estabilidad. Y esto es algo que no ocurre en este caso. ¿Para qué conformarnos con esta versión si se producen errores que dan al traste con la experiencia? Para eso mejor instalar Fedora o Antergos, distribuciones que nos traen un Gnome más actual y puede que incluso más estable a pesar de todo.

Así que, en resumidas cuentas, Ubuntu Gnome no, gracias. Al menos por el momento, mientras se resuelve el error, y suponiendo que necesitéis usar los controladores propietarios de AMD. Y os dejo, que tengo que arreglar mis otros problemillas con mi partición ubuntera… ¿cuándo funcionarán de modo consistente las esquinas activas en Unity? 4 años sin solución y subiendo. Qué cruz…

Salud

 

UBUNTU GNOME 14.04.2 LSDH
Instalación 10
Arranque y apagado 5
Software 10
Hardware 8,75
Conectividad 10
Out of the box 10
Estabilidad 2,50
Fluidez 7,50
Gestión de energía 3,33
Pybench 3.129
Apache 22.209,71
Encode-flac 13,08
Unpack-linux 17,72
Unigine Valley 470
Browsermark FF 3.011
Browsermark GC 4.223
Transf. pendrive 4,51
Transf. disco USB 0,59
Transf. SD-card 5,08
Corrección por rendimiento -0,53
Corrección por errores -1,25
CALIFICACIÓN 5,08

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