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Me guste o no, no soy una persona multi-tarea. Dejando a un lado mi condición masculina, que ya de por sí me inhabilita para hacer más de una cosa al mismo tiempo – absténganse de calificativos despectivos hacia mi persona, para mí es un hecho comprobado que las mujeres nos dan mil vueltas en eso – pertenezco a una generación donde predomina la gente que hace una cosa cada vez. O, al menos, así era antes. Hoy día lo que se considera normal es estar viendo una serie en la televisión mientras se escribe lo que sea en el cliente Twitter y se mantiene una “conversación” por Whatsapp. Tiempos modernos.

Como digo, para mí esto no es viable. Ni tan siquiera cuando era estudiante y disponía de mucho más tiempo que ahora era capaz de llevar adelante demasiadas tareas. Tenía compañeros para los que el día parecía tener más de veinticuatro horas por la cantidad de cosas que eran capaces de hacer, mientras yo me movía despacio, pensaba despacio, actuaba… pues eso, despacio. Con la excepción obligada de las horas que paso en mi trabajo, donde moverse-pensar-actuar despacio puede costarle la vida a una persona, en el resto de situaciones continúo con mi “minusvalía”. Y ello, mal que me pese, incluye a este blog y a mi relación con GNU/Linux.

Os hablaba en uno de mis últimos artículos de una pequeña recaída en el distrohopping. Nada grave. Lo traigo a colación para poner en valor lo que significa el tiempo perdido para una persona tranquila y que piensa y actúa a mi ritmo. Horas y horas perdidas en un ritual infinito de instalar y configurar. Horas de un tiempo que escasea: la casa, el trabajo, mi mujer, mi hijo, la comunidad de vecinos, el coche, mi familia, mis otros hobbies… GNU/Linux ocupa en la actualidad muchos de los minutos que quisiera dedicar a estas otras personas y cosas, que con perdón de Tux, son para mí muchísimo más importantes.

Ya saqué este tema a principios del verano y, a decir verdad, conseguí lo que me proponía. Durante la época estival he sido un feliz y despreocupado usuario normal del ordenador, con su Ubuntu Precise para, valga la redundancia, hacer las cosas precisas y punto. Pero he de admitir que no era capaz de dejar de leer a todos y cada uno de los excelentes blogueros que nutren mi lista de la derecha, esa de “Sitios de interés”. Tampoco era capaz de dejar de colaborar con el proyecto Chakra, que me necesitaba a mí y a cualquiera capaz de aportar lo que fuese, dada la escasez de desarrolladores y simpatizantes activos. Y fue así como, sin darme apenas cuenta, volví a desordenar mi lista de prioridades.

Lo más fácil sería dar por terminada mi etapa de bloguero linuxero. Sin embargo, tras darle muchas vueltas – para variar – y consultarlo con algunas personas importantes para mí, he creído conveniente retomar la actividad con calma. Con mucha calma, para ser exactos. Creo que la temática que más interesa a la mayoría de seguidores del blog es la referida a la revisión de distribuciones GNU/Linux. Sabéis que andar instalando distros a cada momento ya no me divierte, sin embargo me parece que recuperar el modelo “12 meses 12 distros” que en su día puse en marcha solo durante un par de meses puede ser lo más acertado para guardar un equilibrio tan necesario ahora mismo.

De modo que espero que perdonéis este nuevo arrebato, esta nueva vuelta de tuerca al asunto. La vida, al menos la mía, es una cuestión de prioridades, y GNU/Linux ocupa ahora mismo un lugar que no le corresponde en la lista. Y hablando de listas, hace ya más de seis meses que coloqué una encuesta (también la tenéis a la derecha) sobre el sistema operativo de uso de los lectores del blog. Atendiendo al resultado obtenido, las distros que pretendo revisar con una cadencia aproximada de una al mes son: Ubuntu (octubre), Mint (noviembre), Debian (diciembre), openSUSE (enero), Xubuntu (febrero), Chakra (marzo), Fedora (abril), Manjaro (mayo), Kubuntu (junio), una distro a elegir por los lectores (julio), Zorin (agosto) y Mageia (septiembre). No he incluido a Arch, séptima preferida por los lectores, debido a que no obtendría una calificación justa por su condición de sistema a construir por el propio usuario, que la relegaría probablemente al último lugar a causa de su dificultad de instalación.

Y esto es lo que puedo ofrecer en este momento. Ni más ni menos. Aún siendo un asunto estrictamente personal, soy consciente de que este es un blog comunitario que siguen bastantes personas, por lo que me parece adecuado comunicar los derroteros por los que pretendo transcurrir a partir de ahora. Seguimos, eso sí, abiertos a colaboraciones, aunque os pido paciencia si tardo en responder o en publicarlas, quiero recuperar mi vida AFK, y voy a poner empeño en hacerlo. Hasta la próxima revisión, que será tranquila, pausada, meditada y mono-tarea, porque así soy yo y no sé ser de otra manera…


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