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Resulta que, como quien no quiere la cosa, hace casi un mes desde la última ocasión en que me puse frente al ordenador para redactar alguna entrada. El ánimo del ciclotímico linuxero al que tan estoicamente aguantáis es así, tan pronto se dispara la necesidad de probar distribuciones y compartir sus hallazgos con la comunidad como se asienta en él el desánimo y el aburrimiento, de un modo más acentuado cuando las últimas conclusiones que saca son casi todas similares. Leyendo estas líneas es muy posible que estéis pensando en que se avecina una nueva despedida… os equivocáis. Este es un artículo que sirve a un doble propósito: por un lado poneros al día de mis tribulaciones con mis sistemas preferidos, que las sigo teniendo y de todos los colores. Por otro, quizás lo más relevante, que este proyecto personal que viera la luz hace tres año y pico ha alcanzado la nada desdeñable cifra de un millón de visitas.

Un millón, tan fácil de decir como difícil de creer. A este respecto solo se me ocurre decir “gracias”. Muchas gracias a todos por vuestra compañía, vuestros comentarios y vuestros ánimos en los malos momentos. El blog lo hacemos entre todos, y entre todos hemos alcanzado esa cifra.

No me prodigo mucho últimamente en estas lides por dos motivos: uno es el habitual, la falta del tiempo y la tranquilidad necesaria para poder instalar y analizar un sistema con objetividad y trasladaros así mis opiniones sobre el mismo. El otro motivo es que he tenido problemas con mis sistemas de uso habitual (Chakra y Ubuntu), con lo que el poco tiempo del que disponía para el blog se ha diluido tratando de resolver errores que, por repetitivos y ya conocidos, cansan una barbaridad.

Como odio las regresiones en GNU/Linux… Es algo insoportable para mí, y conforme pasan las hojas del calendario menos las entiendo y menos las tolero. ¿Cómo es posible que un año después de describir una experiencia con la congelación de la barra de tareas de KDE que casi me hace llegar tarde a una cita muy importante para mí, el error vuelva a hacer su aparición cual fantasma de las Navidades pasadas? ¿Por qué se me desconfigura el aspecto de las tipografías y Libreoffice deja de reconocer un tipo determinado que me era muy útil para poner deberes de caligrafía a mi hijo? Todo ello tras una actualización de KDE, dicho sea de paso.

Y Ubuntu Trusty tampoco se libra. ¿Por qué, si se supone que las impresoras HP son ideales para usar en GNU/Linux, por qué, insisto, tengo que reiniciar a veces hasta en tres ocasiones mi Laserjet 1018 para que se comunique con el sistema? ¿Por qué al quedarse con papel tienes que reiniciar el equipo como única solución posible para que la impresora vuelva a responder, tras intentar sin éxito toda suerte de tutoriales, habidos y por haber? Y, lo más inquietante, ¿por qué estas cosas siempre suceden cuando tienes prisa por terminar algo o tu mujer/suegro/hijo te esperan y te miran con cara de “esto te pasa por usar el sistema raro ese”? ¿Qué puedes hacer en estas situaciones?

Pues haces lo que has de hacer, valga la triple redundancia, reiniciando al sistema propietario y acabando la tarea. Y, a pesar de las caídas, me vuelvo a levantar y continúo luchando por aquello que mejor enarbola la bandera de unas ideas con las que me identifico plenamente. Este, y no la comodidad, desde luego, es el impulso que me empuja a seguir usando GNU/Linux. Porque yo no quiero más actualizaciones de KDE, ni de systemd, ni de ninguna otra cosa para que agreguen funcionalidades del tebeo o solucionen errores antiguos si van a crear otros nuevos. Estoy cansado, con todo el dolor os lo digo, muy cansado. Tenemos ejemplos a montones en los últimos lanzamientos, con errores que no solo me afectan a mí, pues ya he leido varias revisiones de distribuciones populares en las que los problemas con Samba y con los controladores gráficos están a la orden del día. Sencillamente, cosas que funcionaban en una versión anterior, en las siguiente ya no lo hacen o lo hacen mal.

Cuando empecé con este blog, hace un millón de visitas, me encontraba a la búsqueda de la distribución perfecta. Suponía, erróneamente, que los bordes rugosos que presentaban la mayoría de sabores de GNU/Linux se irían limando con el tiempo, dando paso a ese sistema soñado donde todo fuese como la seda. Pero aquí sigo, analizando y buscando algo que la mayoría de vosotros ya sabe que no existe. Una distro que no repita al cabo de un año errores que se suponían ya solventados estaría bien. Una donde la impresora funcione siempre y no cuando le da la gana, también.

Creamos que dicha distribución existe y sigamos tras ella. No nos ha ido tan mal, cuando tanta gente ha pasado por aquí. Y, después de todo, puede que la diversión esté en la búsqueda… Pero, aunque así sea, si alguno de vosotros ha conseguido encontrar esa distro que no falla nunca, le ruego que me diga cuál es. Y si la usa en hardware AMD, mejor que mejor. Yo, tras tres años y pico, todavía no he dado con ella.

Salud


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