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“Es de bien nacidos ser agradecidos”, según consta en el a veces denostado refranero español. Os escribo desde mi retiro vacacional, lejos del mundanal ruido linuxero, donde no hay distribuciones, nuevos paquetes, dependencias o luchas intestinas. Tampoco hay privacidad, ni espíritu comunitario, a decir verdad. Solo hay una herramienta que funciona y no me roba más tiempo del preciso para usarla.

Como ya me conozco desde hace muchos años, sé perfectamente que el único modo de no volver de dicho retiro es mantenerme al margen de noticias, blogs amigos, redes sociales, etcétera, algo que hasta el momento ha funcionado. No obstante, “la gran G” se empeña en notificarme cuando soy mencionado en su red social, y de este modo tuve constancia de la iniciativa encabezada por Yoyo en su blog.

Desde el mismo instante de la lectura del artículo supe que acabaría redactando uno de agradecimiento. En algunos de los escritos que han secundado la idea he dejado comentarios, pero como la bola de nieve sigue creciendo y no quiero que nadie se sienta menospreciado, permitidme usar el presente texto para dar las gracias, con la mano en el corazón en lugar de ante la webcam, a todos vosotros que conformáis la gran comunidad del software libre. Vuestra generosidad no tiene límites.

No creo ser merecedor de tanto halago, lo afirmo sin falsa modestia, creédme. Solamente soy un tipo normal que un día de 2007 redescubrió GNU/Linux de la mano de Ubuntu Feisty, entrando en la tantas veces comentada espiral de instalar-probar-personalizar y vuelta a empezar. Alguien que un día descubrió que sus anotaciones sobre los sistemas operativos que continuamente instalaba podían ser útiles a otros usuarios. Alguien a quien le divertía escribir sobre ello y establecer calificaciones y estadísticas. Solo eso.

Así que termino, reiterando:

Muchísimas gracias a todos por vuestro apoyo


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