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Aunque Halloween ya pasó, hoy me voy a disfrazar de Artem S. Tashkinov, aquel que se les aparece a los linuxeros talibanes como los que ya me están maldiciendo por no escribir GNU en el título del presente artículo. Si no sabéis quién es os recomiendo echar un vistazo a este enlace. Uno, que ya es perro viejo y lleva usando GNU/Linux en sus distintas formas, colores y sabores, de modo casi exclusivo desde el año 2.007, por mucho que se empeñe en ocasiones en salir de su jaula dorada, termina por tener que volver a entrar con el rabo entre las piernas y muy a su pesar. De manera que, desde mi máquina que de nuevo arranca en dual, os cuento por qué he tenido que abandonar el uso exclusivo de GNU/Linux en mi ordenador y de Cyanogenmod en mi teléfono móvil. Si eres de los que opinan que dichos sistemas son perfectos y el tito Bill es el demonio, ya puedes dejar de leer.

La necesidad de actualizar la BIOS
Un buen día se me ocurrió que mis continuos problemas con los puertos USB del equipo tal vez habían encontrado remedio en alguna actualización de la BIOS de la placa base. Ocurre que Gigabyte dispone de una sencilla utilidad para hacer esta delicadísima operación, pero, oh sorpresa, dicho programa está escrito para Windows. Hay que tenerlos del tamaño del caballo de Espartero para atreverse a usar eso con Wine, una aplicación que tiene sus virtudes, innegablemente, pero de la que nunca puedes fiarte del todo, según mi experiencia personal.

Cuando comprobé que había nada menos que 7 actualizaciones para mi placa base en la web del fabricante, supe que no había remedio: necesitaba otra vez una partición con Windows. Escarmentado ya del modo en que obtuve mi último Windows 8, decidí instalar el que traía mi equipo, un Windows 7 Home Premium y “disfrutar” de sus prestaciones con todas las de la ley. Horas y horas después de instalar controladores, actualizaciones de seguridad, opcionales, importantes y esas cosas de Windows, tuve finalmente un sistema plenamente utilizable. Afortunadamente, la actualización de la BIOS con el programa de Gigabyte resultó un éxito por su sencillez y rapidez. Sobre si ello sirvió o no para arreglar las extrañas “desconexiones” de los puertos USB, me temo no estar todavía en posición de afirmarlo o negarlo, aunque por mis trasteos en Ubuntu y Chakra parece que sí.

Los juegos: vamos mejorando, pero…
Durante el último año he recuperado mi vieja afición, que data de los tiempos en que Sir Clive Sinclair dio vida a su primer ordenador: los videojuegos. Gracias a Valve y su Steam, GNU/Linux está recuperando terreno en esta materia, lo que me permite jugar, por ejemplo, a Football Manager en mi sistema preferido de forma nativa. Otra cosa distinta es la calidad a la que puedo hacerlo, pues los controladores AMD, sin ser nada del otro mundo en Windows sí que mejoran a sus homólogos de GNU/Linux.

Claro está, que siempre hay un pero. Y el que yo pongo tiene su origen en una oferta de la tienda Green Man Gaming, gracias a la cual pude conseguir el juego “State of Decay” por apenas 4 euros. Muy iluso habría que ser para pensar que un título en el que interviene Microsoft Studios va a funcionar bajo GNU/Linux. Ya os digo yo que no, y no será porque no intenté todo lo habido y por haber: Wine en diferentes versiones, Playonlinux, artículos en ruso de uno que logró, heróicamente, hacerlo correr en Ubuntu (lástima, tenía una Nvidia), etcétera, etcétera.

La historia en Windows, bueno, ya la conocéis: instalar y listo. Lo habitual, por otra parte. Por no hablar del sonido, de mucha más calidad y con todas esas chorradas de “Dolby Surround” y “Bass boost” que hacen que retumbe la habitación.

Cyanogenmod y sus inconvenientes
Turno ahora para mi triste regreso a la ROM original en mi Galaxy S3 Mini. Si bien el problema de sobrecalentamiento de la batería quedó resuelto por entero, como contaba en su artículo correspondiente, persistían dos molestos inconvenientes: el reloj que se congelaba de modo aleatorio y la imposibilidad de usar algunas aplicaciones que eran útiles para mí, concretamente Google Play Music y Appgree.

Reconozco que la culpa la tengo yo. Un día me levanto rebelde y reivindicativo, dispuesto a pelear contra los monopolios y las imposiciones. Ese día nada me parece una molestia. Pero pasa el tiempo, el viento sopla desde otro sitio, y ese mismo yo se pregunta por qué renunciar a cómodos servicios, a quién beneficia mi perjuicio y para qué sufrirlo. Así soy yo, y quien me entienda que me compre…

Revisando Windows 7 Home Premium
Aprovechando este nuevo golpe de timón que ha hecho que Windows y GNU/Linux vuelvan a coexistir en mi equipo de sobremesa, se me ha ocurrido aplicar mi baremo habitual para clasificar las distribuciones al sistema de Microsoft. La verdad es que no ha sido una prueba tan exhaustiva como hubiera deseado, pues a pesar de que lo intenté durante un largo rato, no fui capaz de hacer funcionar la Phoronix Test Suite bajo Windows. Resumiendo un poco la experiencia, pues tampoco es plan de extenderse con la cuestión, digamos que, a día de hoy, una instalación limpia de Windows proporciona una mejor experiencia de usuario de la que solía en el pasado.

De hecho, me esperaba unos resultados mucho peores, sobre todo en cuanto a reproducción de archivos “out-of-the-box”. Windows únicamente tuvo problemas con los archivos Matroska, los de vídeo digital (.dv) y los .3gp. En cuanto a otro tipo de formatos no multimedia, no se pueden abrir de serie los .pdf, ni tampoco descomprimir los .rar. En todo lo demás, da la talla.

En lo referente a resultados me sorprendió gratamente que la transferencia de archivos al pendrive fuese más lenta que en GNU/Linux… ¡por casi un minuto de diferencia! Claro está que, en el resto de parcelas gana Windows por goleada, sobre todo en cuanto al rendimiento gráfico medido por Unigine Valley, que arrojó un resultado de 511, casi 40 puntos más que en Ubuntu. Y en los navegadores, más de lo mismo, siendo muy superior el rendimiento de Chrome y solo algo mejor el de Firefox, sin tener en cuenta la insufrible velocidad de “scrolling” del ratón del primero en GNU/Linux, que no he encontrado forma humana de solventar.

Haciendo un somero repaso por las secciones que conforman la tabla de puntuación:

  • Instalación. Todo perfecto y en castellano.
  • Arranque y apagado. Bastante más lento que en GNU/Linux.
  • Software. Todo el que quieras y más, pero sin centro de aplicaciones.
  • Hardware. El escáner no lo reconoce por haber retirado el fabricante (Epson) los controladores para Windows. Ello hace completamente imposible su utilización bajo este sistema, salvo pagando a una tercera compañía llamada Hamrick Software.
  • Conectividad. Perfecto, incluyendo el “Grupo en el hogar” para comunicarse con el portátil.
  • “Out of the box”. No está mal para ser Windows, reproduce mp3 y otros formatos propietarios que en antiguas versiones necesitaban de códecs.
  • Estabilidad. Ni rastro de pantallazos azules que, la verdad, hace mucho tiempo que no veo.
  • Fluidez. Bastante bien, con el lógico retardo inicial cuando se entra al escritorio, pero nada grave.
  • Gestión de energía. La hibernación no viene habilitada por defecto, algo que ocurre también en muchos sistemas GNU/Linux.

Para finalizar, penalizo a Windows con un error grave: imposible reiniciar en algunas ocasiones, obligándome a usar el botón de apagado del equipo. Esto no repercute en la estabilidad, pues solamente sucede al reiniciar y no de un modo continuado, pero el fallo está ahí y no es la primera vez que me ocurre (si bien, en el tiempo que tuve Windows 8.1 instalado no sucedió nunca). El resultado final tras todas estas tribulaciones es de notable alto (8’06), puntuación que no esperaba, sinceramente, y que supera con creces a la que obtuvo su predecesor, hace ahora 3 años, en el artículo que le dedicaba al que era, por aquel entonces, el sistema de clasificación del blog (6’36 para el entrañable XP).

Y hasta aquí mi pequeña excursión de hoy por el mundo “windowsero”. Si has llegado hasta este punto en tu lectura es porque no eres extremista, y te lo agradezco. Mas no temas, que enseguida retomo las revisiones “normales” con openSUSE y sigo usando Ubuntu para casi todo. Sin embargo, a mi parecer, aun hoy, en noviembre de 2.014, parece imposible huir de una partición del sistema de Microsoft si te gustan los juegos de ordenador, quieres actualizar tu navegador TomTom o hacer lo propio con tu BIOS Gigabyte. Esta es, como siempre, mi experiencia personal y mi conclusión, que no tiene porqué ser la tuya. Tú, tal vez, tienes otros motivos para seguir en arranque dual o para haber desterrado a Windows de tu disco duro para siempre. A tu disposición tienes los comentarios por si te apetece compartirlos.

Salud

 

WINDOWS 7 HOME PREMIUM LSDH
Instalación 10
Arranque y apagado 1,25
Software 7,50
Hardware 7,50
Conectividad 10
Out of the box 6,25
Estabilidad 10
Fluidez 10
Gestión de energía 8,33
Pybench N/D
Apache N/D
Encode-flac N/D
Unpack-linux N/D
Unigine Valley 511
Browsermark FF 2.808
Browsermark GC 4.523
Transf. pendrive 4,46
Transf. disco USB 0,53
Transf. SD-card 3,56
Corrección por rendimiento +0,17
Corrección por errores -1,00
CALIFICACIÓN 8,06

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