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Estos son los artículos que más me gusta escribir: uno se pone a la caza y captura de una distribución Linux que se ajuste bien a su hardware. Parece sencillo, mas ni mucho menos lo es. Se trata de chocar unas cuantas veces contra muros de fallos y regresiones para terminar hallando una en la que, solo con tocar alguna cosita, se consigue el rendimiento deseado. Y sin fallos, mira tú qué bien. Sí, hoy vengo a hablaros de Debian Stretch.

Le dediqué un artículo raro, de los de pensar y reflexionar, poco antes de mi éxodo a las tierras de Redmond. Ha transcurrido más de un año desde entonces y he de reconocer que en mi retorno a Linux siento que tengo otras necesidades distintas a las que mantuve durante tantas idas y venidas de distribuciones. Empecé a darme cuenta en aquel momento, al escribir ese texto precisamente. Sin embargo, me vi incapaz entonces de quedarme quieto en un sistema, de manera que opté por aburrirme en Windows 10 y olvidarme temporalmente de Tux.

Aunque en estos momentos dispongo de menos tiempo que nunca, por andar todavía metido en la interminable búsqueda de un plaza fija en la administración pública para la cual trabajo precariamente desde hace casi 20 años, tuve que usar Linux por necesidad hace unas semanas y supe inmediatamente que quería volver al redil. Y, qué demonios, estos días de probaturas me han permitido descansar un poco de los libros y los apuntes.

El carrusel de distribuciones de siempre

Lo primero que se me vino a la mente fue la necesidad de estabilidad. Es lo lógico cuando no se dispone de mucho tiempo para andar arreglando errores o configurando cosas. Instalé Linux Mint 18.3 solo para descubrir que las nuevas versiones del kernel no se llevaban demasiado bien con mi adaptador de red inalámbrica. A continuación, Linux Mint 17.3 con Cinnamon… y acabé echando de menos el aspecto visual de Windows. Eso lo dice todo. En cuestiones linuxeras soy un tipo pro KDE. O pro Plasma, que se dice ahora.

Pero claro, no quería instalar la versión correspondiente tras conocer la noticia de que el equipo de Mint iba a dejar de desarrollarla. Así que me puse manos a la obra con distribuciones más afines a mi entorno preferido. Lo intenté con openSUSE Leap, con KDE Neon, con Chakra, con Kubuntu, con Netrunner y con Manjaro, esta última hasta en dos ocasiones.

Algo fallaba que no era capaz de arreglar en todas ellas. Prefiero no detallar qué fallaba en cada cual, creo que no estoy escribiendo esto para desmerecer a ninguna distribución. Si bien, es verdad que la segunda tentativa con Manjaro fue mejor, pero una actualización – la historia se repite – dio al traste con la experiencia al cargarse el servicio de impresión. No encontré la forma de que el equipo volviese a imprimir nada, ni reinstalando la impresora, ni los paquetes afectados, ni nada de nada. A tomar por saco.

Siempre me ha fascinado la gente que opina que da igual la distribución que se use, que al estar en Linux se puede esperar el mismo comportamiento en todas. Tremendo error, ya os digo. De todos los sistemas probados no hubo ninguno en que el puñetero Network Manager se comportase igual. En alguno lograba instalar el controlador, pero no parpadeaba el led. En otro se caía la conexión al rato o las soluciones que aplicaba hace un año ya no funcionaban ni con el kernel de soporte extendido. Un auténtico dislate que provoca una irreprimible sensación de querer salir corriendo.

Pero, aunque no me encuentro a disgusto ya en Windows, pues reconozco que ha mejorado una barbaridad como sistema desde los tiempos del XP, quería de veras recuperar mi experiencia de uso en Linux, mi privacidad y esas pequeñas cosas que hacen la vida más entretenida. Así que decidí dar una oportunidad a la estabilidad de Debian Stretch y resulta que acerté.

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Mi escritorio actual con Debian Stretch KDE

Casi todo funciona en Debian…

… y lo que no, lo he conseguido hacer funcionar yo. Instalé la versión con Plasma desde un entorno en vivo con controladores privativos incluidos. Lo primero a destacar es que logré compilar los controladores para el kernel 4.9 y éstos funcionaban a pleno rendimiento, led incluido. Me pareció un buen punto de partida, desde luego, dado que no lo había alcanzado nunca antes con un kernel que no fuese de la rama 4.4 o más antiguo. Fui añadiendo uno a uno mis programas favoritos y configurando el escritorio a mi gusto sin que apareciesen extraños errores con los que antes me había topado en otras distribuciones.

El lamentable Network Manager, del que estoy hasta los mismísimos, sí que fallaba al no conectar directamente al iniciar sesión. Pero a diferencia de otros sistemas, en Debian bastaba usar el sencillo truco de deshabilitar la dirección MAC aleatoria. No obstante, pasado un rato la conexión comenzaba a comportarse de un modo extraño, con latencias de novecientos y pico milisegundos que no se podían achacar a mi proveedor de Internet, pues con reiniciar el servicio NetworkManager se solucionaban.

Ahora bien, a las cuatro o cinco veces de tener que hacerlo, uno acaba harto. Que te den, Network Manager. Instalé Wicd, un gestor que, de nuevo, en otras distribuciones no era capaz de hacer funcionar bien. No recuerdo en cuál de las que probé sucedía, pero cuando intentaba deshabilitar Network Manager, éste volvía a habilitarse él solo al iniciar una nueva sesión. Como un fantasma que no te puedes quitar de encima.

En Debian, esto no ocurre. Si lo deshabilitas, deshabilitado queda. Wicd toma entonces el control y… asunto solucionado. No más latencias interminables y vuelta a la navegación fluida.

¿Y qué pasa con las versiones de los programas?

La queja más extendida acerca de la conveniencia de usar Debian estable es la de no poder disponer de versiones modernas de ciertos programas. Esto es una verdad a medias. Para empezar, no siempre lo nuevo es lo mejor, y especialmente en Linux, donde las regresiones están a la orden del día desde que Torvalds llevaba pañales. Sin embargo, hay veces en que los nuevos lanzamientos solucionan viejos errores y se hace imprescindible actualizar.

Uno de los consejos más acertados que leeréis o escucharéis sobre Debian es éste: no hagáis del sistema un FrankenDebian. Si estáis en la rama estable, quedaos en ella y no añadáis nada más allá de los backports. Salvo, claro esta, imperiosa necesidad. A mí me ha pasado con dos programas que utilizo habitualmente: qBittorrent y Calibre.

La versión de qBittorrent en los repositorios de Debian estable es la 3.3.7. Dicha versión, o más concretamente la de libtorrent-rasterbar9 que la acompaña, provoca un error muy molesto: el cierre automático del programa a los pocos minutos de estar funcionando. Como no hay solución posible que no sea actualizar el programa, tuve que tirar de un repositorio en openSUSE con los paquetes de qBittorrent compilados para Debian estable.

Con Calibre, más que error, me resultaba muy anticuada y fea la versión 2.75 de Stretch. Podría haber optado por hacer apt-pinning a Buster o Sid, pero me pareció mejor solución instalar la versión nueva desde la página de la propia aplicación Calibre, que permite hacer esto a golpe de terminal:

sudo -v && wget -nv -O- https://download.calibre-ebook.com/linux-installer.py | sudo python -c "import sys; main=lambda:sys.stderr.write('Download failed\n'); exec(sys.stdin.read()); main()"

De este modo evito habilitar repositorios de distintas ramas de Debian, aunque con el inconveniente de que debo ser yo quien actualice Calibre cuando se me antoje de forma manual.

Screenshot_20180328_171440
Así tengo configurados los repositorios en Debian

La impagable estabilidad de Debian

¿Qué tiene de malo la versión 5.8 LTS de Plasma? ¿Cuánto de novedoso la versión 5.12 disponible ahora mismo en KDE Neon, por poner un ejemplo de distribución puntera en cuanto al escritorio en cuestión? No me hacen falta versiones nuevas que introduzcan problemas, errores o regresiones. Lo que no está estropeado, por favor, no lo arreglen. Si hay una actualización, que sea de seguridad. Prefiero tener la certeza de que si enciendo la impresora, ésta hará su función todas y cada una de las veces que lo necesite.

Esto se cumple sobradamente en Debian Stretch. Por eso estoy feliz de haber llegado hasta aquí y encontrarme cómodo. Debe ser que me he quitado de encima, de una vez y ya era hora, la asquerosa versionitis que he padecido toda mi vida. Lo bueno de Linux, su gran ventaja sobre la competencia, es que hay un sistema o un escritorio para cada persona e incluso para distintos momentos en la vida de esa misma persona.

Para aquellos de vosotros que valoréis la estabilidad por encima de todo, por mucho que antaño hayáis sido archers o amantes de las rolling release, siempre quedará la rama estable de Debian. El sistema Linux más fiable que uno pueda encontrar.

Salud.


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